Tadeo Haencke: el naturalista “bohemio” de la Expedición Malaspina

Tadeo Haenke La vida de Haenke en América fue ciencia y aventura, como lo eran en los siglos pasados todas las que significaban un viaje largo por mar o por tierra, por la falta de comididades y caminos y la naturaleza bravía que siempre salía al paso, ley a la que no podían escapar los más pacíficos, en apariencia, como la investigación de las especies vegetales” Humberto F. Burzio 1966

 La expedición

Hacia fines del siglo XIX , España apoyó financieramente una expedición que dio la vuelta al mundo y mucho de qué hablar. Conocida como Expedición Malaspina, dos corbetas: “la Descubierta y la Atrevida”, entre 1789 y 1795 recorrieron los virreinatos del Perú, Río de la Plata, e Islas Filipinas. En su derrotero visitó las ciudades más importantes como Montevideo, Buenos Aires, Islas Malvinas, Chile y gran parte de las situadas costa del Océano Pacífico entre otras. Las naves fueron especialmente preparadas para recabar toda información científica relacionada con las ciencias naturales. Alejandro Malaspina fue el gran mentor y jefe de tamaño emprendimiento. A bordo se incluyeron sofisticados aparatos de medición y personal calificado en distintas disciplinas: cartógrafos, artistas dibujantes, zoólogos, botánicos y naturalistas de distintas nacionalidades.

El gobierno español solicitó a la Universidad de Viena la concurrencia de un especialista botánico para que integrara dicha expedición. El hombre elegido fue Tadeo Haencke nacido en 1761 en Bohemia (hoy Eslovaquia). Entre sus méritos figuraba el haber dirigido una nueva edición del “Genera Plantarum” de Linneo, por ello gozaba de un gran prestigio entre sus pares. Preparado academicamente en Praga, poseía amplios conocimientos en medicina, matemáticas, astronomía, mineralogía y por supuesto descollaba en ciencias naturales y botánica.

Aprovechando su traslado a España antes de iniciar el viaje expedicionario, se le solicitó la compra de algunos aparatos de medición especial. Cual va a ser la sorpresa de Tadeo, al llegar a Cádiz y descubrir que las naves en las que tenía que embarcarse habían zarpado dos horas antes rumbo a al Río de la Plata.

Poco le preocupó al joven naturalista semejante traspié y por orden de su majestad se le consiguió un lugar en el primer barco que tuviera el mismo paradero. De esa manera  Haencke subió a la nave catalana “Nuestra Señora del Buen Viaje”, con la idea de incorporarse a la expedición en Montevideo. El destino quizo que la nave naufragara cerca de la costa montevideana. Tadeo Haencke salvó milagrosamente su vida pudiendo llegar a tierra firme nadando, pero perdiendo en el accidente un importante bagaje de libros y los aparatos de medición adquiridos para la expedición.

Como es de imaginar, tampoco llegó a su segunda cita de embarco. Malaspina y su contingente siguieron rumbo al sur sin su afamado botánico.

El nuevo contratiempo tampoco iba a detener a Haencke, quién como si nada hubiera pasado aprovechó el tiempo en la Banda Oriental haciendo excursiones y recolectando cientos de plantas, rocas y animalillos. Pasó a Buenos Aires e inspeccionó el río Las Conchas y un tramo del Río Paraná, recogiendo nuevas especies y tomando notas zoológicas y mineralógicas.

Dispuesto pese a los infortunios a reunirse con la expedición, en febrero de 1790 resolvió atravesar las pampas rumbo a Chile, en una travesía que para la época resultaba todavía fantástica. El viaje fue aprovechado para colectar todo tipo de información inherente a las ciencias naturales. Sólo el acopio botánico representó más de mil especímenes obtenidos en Córdoba, San Luis y Mendoza. En el mes de marzo cruzó la Cordillera, recolectando especialmente ejemplares de la flora de alta montaña.

Por fin en abril llegó a Santiago de Chile y se contactó con algunos integrantes de la expedición que lo condujeron a las corbetas, que esperaban en Valparaíso para seguir su itinerario.

Tadeo Haencke cumplió un excelente papel dentro de la expedición. Junto a otros naturalistas recabaron información en todos los puertos que tocaban, dejando muchos informes y cartas. De regreso, la expedición volvería por el Cabo de Hornos a Buenos Aires, Malaspina consideró aprovechar mejor el tiempo de los naturalistas y solicitó al virrey un permiso para que Tadeo Haencke y otros viajen por tierra desde Perú a Buenos Aires. De esta manera inició una larga marcha a través del Perú, Bolivia y el norte argentino. Ascendió el volcán Misti, de 5300 ms., visitó Cuzco y Arequipa, La Paz, el Lago Titicaca, Potosí, Cochabamba, etc. Su espíritu aventurero hizo que se demore demasiado y la expedición zarpó nuevbamente sin él para terminar su periplo.

Al margen ya de la Expedición, se afincó en Bolivia, como naturalista pensionado de la Corona, allí estudió concienzudamente la flora, la fauna y la mineralogía del territorio, ejerció la medicina e introdujo la vacuna. Como botánico se especializó en el estudio de la plantas autóctonas con propiedades farmacológicas.

Con el tiempo viajó a Expaña y allí publicó Descripción del Perú, Buenos Aires, etc., dando a conocer los resultados de sus experiencias particulares, y el “Erbario de las Pampas de Buenos Aires, Mendoza y la Cordillera de Chile”. Regresó Bolivia Cochabamba y deliñó “Introducción a la historia natural de la provincia de Cochabamba” y la “Memoria sobre los ríos navegables que fluyen del río Marañón”. etc.

Hacia 1807, lo encontramos en Buenos Aires, actuando durante las invasiones inglesas, como instructor de las milicias y especialista en la fabricación de pólvora mediante la purificación de los salitres. También ejerció el periodismo, publicando artículos en El Telégrafo Mercantil. Fue designado Profesor de Historia Natural de las Provincias Unidas del Río de la Plata, cargo que ocupó muy poco, o no ocupó directamente debido a que el virrey Cisneros decretó su expulsión. Pese a todo, Haencke se las ingenió para solicitar una prórroga de tiempo que le fue concedida. En el interín se desató la Revolución de Mayo y al caer Cisneros su extradición quedó sin efecto. Regresó nuevamente a Cochabamba Bolivia y se desempeñó como naturalista, un accidente doméstico le provocó la muerte en 1817.

Como Alejandro Malaspina fue preso al volver a España, los informes de la expedición no se publicaron en tiempo y forma. Por otro lado, como ya digimos, el propio Haencke publicó muchos trabajos. Algunas obras se editaron con datos similares generando diversas controversias. La obra de Tadeo Haencke en lo que se refiere a nuestro territorio, fue redescubierta a principios del siglo XX por Paul Groussac, quién dio a conocer un extenso ensayo de sus excritos, polemizando sobre la autoría de los mismos en las páginas de los anales de la revista que él dirigía*

*Anales de la Biblioteca Nacional. 1900. Publicación de documentos relativos al Río de la Plata. Tomo primero Buenos Aires Imprenta y Casa Editora Coni Hermanos

Nota publicada en “Aventureros por Naturaleza” Revista Vida Silvestre 123

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