Angel Gallardo (1867 – 1934)

La educación y las ciencias naturales: “El museo moderno de historia natural es una institución de exploración, de recolección de materiales, de estudio y de clasificación del mismo para conservarlo como documento de consulta e investigación. Contribuye a la cultura e ilustración general por la exhibición de los objetos provistos de rótulos explicativos, por la difusión de los resultados de los estudios en sus publicaciones, pero no se le puede exigir la enseñanza completa de la ciencia a partir de las nociones elementales.” Ángel Gallardo

 Àngel León Gallardo nació en Buenos Aires un 19 de noviembre de 1867. Inició sus estudios primarios en un instituto de enseñanza privada. De joven aprendió varios idiomas extranjeros que le fueron muy útiles para su futura carrera científica. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, teniendo entre los profesores al gran naturalista Carlos Berg, quién seguramente le transmitió el amor y la vocación por las ciencias naturales. No obstante Gallardo cursó Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, recibiéndose en 1894 con diploma de honor en 1894, presentando un proyecto que sobre la instalación de una fábrica de cal.

Entre los años 1893 y 1894 escribió algunas publicaciones sobre temas biológicos y cuando comenzó a actuar en la docencia secundaria, lo hizo como profesor de materias de Historia Natural.

Las ciencias naturales ganaron su favoritismo, ya en 1895 fue nombrado Profesor Suplente Adjunto del curso de Zoología y luego tras el fallecimiento de Carlos Berg tomó el cargo de Profesor Titular, mismo que ocupó hasta 1930. Además simultáneamente dictó la Cátedra de Zoología en la Escuela de Farmacia.

Por entonces Gallardo efectuó viajes periódicos a Europa, visitó laboratorios y concurrió a conferencias y seminarios, perfeccionó sus conocimientos sobre los temas de su predilección incluyendo la educación y las ciencias.

En 1895 /1896 fue elegido Presidente de la Sociedad Científica Argentina, institución que ha de cumplir 25 años de vida. Propone celebrar el aniversario organizando un Congreso Científico Latinoamericano, en Buenos Aires (abril de 1898).

Tal fue el éxito de aquellas reuniones que se se sucedieron en el tiempo transformándose finalmente en Congresos Americanos, el último de ellos tuvo lugar en Washington en 1940.

Ángel Gallardo escribió más de una decena de memorias referidas al tema de la división cariocinética. Otro interesante metié al que dedicó toda su vida fueron “Las Hormigas de la República Argentina” que inició en 1916. Aspiraba realizar una revisión general de la familia en nuestro país, ambición que dejó trunca como lo demuestra el material que dejó al fallecer. Al respecto podemos recordar que en 1927 siendo Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de paso por Madrid, la Real Academia de Ciencias Exactas Físicas y Naturales lo recibió en una sesión y para responder al saludo de la misma, preguntó a su Presidente, si era preferible un discurso o una memoria científica. Le respondieron por la segunda,  por lo que improvisó una disertación sobre mirmecología argentina, que duró casi una hora, siendo escuchada por el auditorio y premiado con calurosos aplausos.

Incursionó además en el campo de la botánica, escribiendo algunos trabajos sobre teratología vegetal.

Fue un gran cultor de la educación de las ciencias naturales. Implantó los trabajos prácticos en la enseñanza de la zoología, como puede observarse en un informe a la Universidad (1907) en el que expresa “… Las Ciencias Naturales constituyen la mejor disciplina para desarrollar en los alumnos la atención y el hábito de observación metódica… El profesor debe huir de la transmisión de conocimientos verbales…”.

Uno de los mayores aportes a las ciencias que logró Gallardo fue la temprana vinculación con el Museo de Ciencias Naturales (hoy MACN Bernardino Rivadavia). Ocupó su dirección transitoriamente en 1897.

Cuando en 1902 falleció su director Carlos Berg, Gallardo había recibido el guiño de su maestro para sucederlo, sin embargo apoyó ante el Ministro Joaquín V. González a Florentino Ameghino para ocupar la dirección del Museo hasta su muerte en 1911. Fue entonces que Gallardo lo sucedió y trabajó por el progreso de la institución. En su gestión se incorporaron varios estudiosos distinguidos, fomentandose las expediciones al interior del país.

En este orden de cosas, bajo su dirección y con ayuda especial del ministro Ibarguren se realizó en 1914, una importante expedición arqueológica a la provincia de La Rioja, dirijida por Eric Boman. Este gran investigador fue luego nombrado encargado de las colecciones arqueológicas, agregándose al museo esta sección que hasta entonces sólo contaba con personal honorario. Además entre otros tantos adelantos auspició los estudios sobre reptiles, otorgándole a don Pedro Serié las funciones de encargado de las mismas.

Una de las mayores preocupaciones consistió en la obtención de un lugar físico para albergar las colecciones que crecían prodigiosamente. Si bien pudo trasladar parte de las colecciones y la biblioteca a edificios provisorios, con el tiempo logró proyectar un nuevo edificio. Gallardo tuvo la satisfacción de asistir a la inauguración de su primera sección.

Presidente del Consejo Nacional de Educación

Durante su presidencia se crearon unas 1600 nuevas escuelas primarias. No se alejó de sus tareas inherentes a las Ciencias Naturales, siempre encontró tiempo para continuar sus estudios sobre hormigas y para ayudar al progreso de las ciencias en el país. En 1921, el Presidente de la Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen, le ofreció la embajada en Roma, aprovechó la ocasión para visitar laboratorios y asistir a reuniones y Congresos de ciencia. El sucesor de Yrigoyen fue Alvear, quien le ofreció el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, cargo que ocupó entre 1922 – 1928.

Como Ministro y Presidente de la Academia en 1927 representó a la Argentina en los actos recordatorios del centenario del nacimiento de Marcelino Berthelot, celebrados en París, siendo designado para usar de la palabra en nombre de todas las delegaciones extranjeras, en la reunión que culminaba el homenaje.

Durante su gestión, la Academia creció enormemente como lo comprueban no solamente las Memorias Anuales, sino también las páginas de los Anales, a los que Gallardo dedicaba grandes esfuerzos con la premisa de publicarlos regularmente y hacerlos llegar a las mejores instituciones recibiendo a cambio afamadas revistas internacionales de divulgación científica.

Designado tercera vez Presidente Rector de la Universidad de Buenos Aires, en mayo de 1932, por unanimidad de votos de la Asamblea Universitaria, fue el cargo más alto a que obtuvo quien comenzara siendo uno de sus estudiantes. Renunció a los dos años por considerar cumplida su misión y además por sus principios que siempre habían regido su vida, hicieron que considerara incompatible ser Rector de la Universidad y tener que tratar con el Poder Ejecutivo importantes asuntos privados.

Su renuncia fue aceptada pocos días después y antes que se eligiera su sucesor, fallecía el 13 de mayo durante la noche, en forma súbita, inesperadamente para su familia y amigos. Había trabajado hasta el último día de su vida.

El Prof. Martín Doello Jurado discípulo de Gallardo y sucesor de él en la dirección del Museo publicó un pormenorizado documento describiendo la actuación de Gallardo en la institución. Año tras año al cumplirse el aniversario de su fallecimiento diferentes instituciones recuerdan en actos y conferencias el apoyo de Gallardo a la ciencia la educación y la cultura. Así por ejemplo a fines de 1947, la Academia creó el Premio “Angel Gallardo”, destinado a un trabajo de zoología y un medallón con su busto fue colocado en la sede de la misma.

Una calle porteña cercana al Parque Centenario y MACN lleva su nombre, recordando su vinculación con la institución y una escuela “Angel Gallardo”, señala su paso eficiente por la Presidencia del Consejo Nacional de Educación.

En 1969, El Correo Argentino seleccionó la figura de Gallardo para integrar una serie de sellos postales, con la efigie de otros tantos científicos argentinos fallecidos.

Para finalizar referiremos que uno de sus hijos, el dr. José María Gallardo siguió los estudios de su padre, se destacó como herpetólogo y también llevó adelante la dirección del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.

Artìculo originalmente publicado en la revista digital Bio_Logica

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