Angel Gallardo (1867 – 1934)

16 noviembre 2011

La educación y las ciencias naturales: “El museo moderno de historia natural es una institución de exploración, de recolección de materiales, de estudio y de clasificación del mismo para conservarlo como documento de consulta e investigación. Contribuye a la cultura e ilustración general por la exhibición de los objetos provistos de rótulos explicativos, por la difusión de los resultados de los estudios en sus publicaciones, pero no se le puede exigir la enseñanza completa de la ciencia a partir de las nociones elementales.” Ángel Gallardo

 Àngel León Gallardo nació en Buenos Aires un 19 de noviembre de 1867. Inició sus estudios primarios en un instituto de enseñanza privada. De joven aprendió varios idiomas extranjeros que le fueron muy útiles para su futura carrera científica. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, teniendo entre los profesores al gran naturalista Carlos Berg, quién seguramente le transmitió el amor y la vocación por las ciencias naturales. No obstante Gallardo cursó Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, recibiéndose en 1894 con diploma de honor en 1894, presentando un proyecto que sobre la instalación de una fábrica de cal. Lee el resto de esta entrada »

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Buenaventura Suáres, misionero y primer astrónomo argentino

3 noviembre 2011

Juan María Gutierrez, nuestro gran hombre de letras, adelantó en su tiempo las virtudes científicas de Buenaventura Suares, anotando que “… se lo colocará [a Suarez] al lado de Francklin, entre aquellos que por un amor innato a la naturaleza y una propensión imperiosa del espítitu hacia la investigación de sus leyes, cultivaron las ciencias exactas sin maestros y sin más auxilio que la inspiración propia”

Buenaventura Suarez, fue misionero jesuita argentino. Nació en la provincia de Santa Fe un 14 de julio de 1679. Por parte de la madre estaba relacionado Juan de Garay, fundador de Buenos Aires y Santa Fe.

Desde joven se educó dentro de los establecimientos jesuíticos incorporándose a la Campañía de Jesús en 1691. Con el tiempo misionó en reducciones tales como San Ignacio Guazú, Itapuá, Santa María la Mayor, Apóstoles, San Cosme, San Damián, Candelaria etc., además de participar dentro de los Colegios de Asunción y Corrientes.

Su fama de astrónomo trascendió las fronteras americanas. Sus trabajos tuvieron reconocimiento mundial, no sólo de sus compatriotas de religión sinó también de grandes científicos. Entre los primeros figuran José Jolís, José Quiroga,  Domingo Muriel, Pedro Lozano etc. Además los más importantes científicos de su especialidad elogiaron sus trabajos, entre ellos Vargentin, Clairaut, Maupertuis y Celsio, fundador del obserbvatorio de Upsala.

En las lejanas reducciones de San Cosme y San Damán, Buenaventura Suárez levantó un observatorio astronómico, el primero en América, construyendo además sus propios aparatos. El padre jesuita Sanchez Labrador pondera su labor “…el Padre Buenaventura Suárez, misionero de los indios guaraníes, y célebre matemático, [labró cristales] muy buenos [e] hizo algunos anteojos muy claros…”. El gran naturalista Félix de Azara de paso por aquellas reducciones en 1797 se refirió a su él “…además de la pequeña librería que cada cura tenía en su pueblo, había aquí una mayor que poco ha pasó a Buenos Aires … vi un juego de globos podridos con varios tubos de anteojos comunes y astronómicos, todos con vidrios, igualmente hallé un cuarto de un círculo astronómico de catorce pulgadas de radio de madera y fabricado por el Padre [Buenaventura] Suáres tan groseramente que no es posible hacer medianas observaciones de latitud con él…” y también el destacado historiador de la ciencia José Babini ponderó los aportes del jesuita comentando que sus notas tienen gran interés para las ciencias naturales, la etnografía y las matemáticas de la región misionera y chaqueña.

Hacia 1720 Suárez comenzó a escribir una obra que compendiaba las observaciones de eclipses que durante 13 años realizó en la región donde vivió y misionó durante 30 años, la obra se materializó con el título de “Lunario de un siglo que comienza en enero del año 1740 y acaba en diciembre del año 1841, en que se comprenden ciento un años cumplidos. Contiene los aspectos principales del Sol, y Luna, esto es las Conjunciones, Oposiciones, y Cuartos de la Luna con el Sol según sus movimientos verdaderos; y la noticia de los Eclipses de ambos Luminares, que serán visibles por todo el Siglo en estas Misiones de la Compañía de Jesús en la Provincia de Paraguay…”.

Cabe destacar que fue recién a partir de 1745, es decir, recién a los 66 años pudo realizar observaciones con instrumentos comprados en Europa, cuya calidad logicamente era superior a los instrumentos elaborados artesanalmente.

Falleció un 24 de agosto de 1750 mientras tenía su residencia en la reducción de Santa Maria la Mayor.

Citar: Aguilar, H. 2011. Buenaventura Suáres, misionero y primer astrónomo argentino. El Carnotaurus. Boletín del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (Año XII, núm. 120 /agosto-septiembre 2011) p:6.-


Pedro N. Arata y la Facultad de Agronomía y Veterinaria

2 julio 2011

 “Sentado frente a su escritorio vi un hombre alto, con aspecto de gigante, cuya cabeza hermosa estaba adornada como complemento por una barba entrecana; era un señor que aparentaba tener alrededor de setenta años. De haber aparecido vistiendo uniforme, se lo habría tomado por un general ruso, y cuando lo vi no pude dejar de recordar al príncipe Dadischkiliani. Con suma cortesía me invitó a sentarme, e inmediatamente me dijo que ya el ministro le había hablado de mi llegada por teléfono…” Asi describió Federico Reichert, docente llegado al país en 1904, al doctor Pedro N. Arata en su libro “En la cima de las montañas y de la vida”

Pedro Narciso Arata formó parte importante de los primeros pasos que dio nuestro país en materia de ciencia y educación conjuntamente con otros grandes hombres destacados como Ameghino, Holmberg, Gallardo, el Perito Francisco Moreno, Zeballos y tantos más. Lee el resto de esta entrada »


Cristóbal María Hicken: educador y botáanico

10 mayo 2011

Retrato de Cristóbal M. Hicken

“Mi escuela, para las investigaciones científicas, es la de la libertad absoluta, sin reatos ni límites, ni concibo prohibiciónes,  ni sometimientos,  ni censuras de ninguna especie. Busco la interpretación de la naturaleza dentro de ella misma y me son ajenos los factores sentimentales ollamados de conciencia. Y como quiera que no puede existir un culto sin un altar, adoro a la naturaleza ofrendando en el santuario de la patria.”. Cristóbal M. Hichen.

Cristóbal María Hicken, fue uno de los más sobresalientes botánicos de principios del siglo XX. Nació un 1 de enero de 1875 en Buenos Aires. Estudió en el Colegio del Salvador, luego continuó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

En 1898 obtuvo el título de agrimensor y dos años más tarde recibió el diploma de doctor en Ciencias Naturales, basando su tesis en los helechos de la República Argentina.

La pasión por la enseñanza y la difusión de la botánica lo acompañaron toda su vida. Fue nombrado Inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial en el Secretaría de Instrucción Pública, dictó clases en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, fue profesor de Física en el Colegio Militar de la Nación y desempeñó funciones dentro del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria. Ejerció la docencia en varios establecimientos educativos como la Escuela Industrial de la Nación, la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, el Colegio Nacional de Buenos Aires, el Colegio Normal Superior, la Facultad de Ciencias Exactas etc., siendo Director de Estudios Geográficos en el Estado Mayor del Ejército Argentino hasta 1931.

Fue miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. La Escuela de Jardinería, ubicada dentro del predio del Jardín Botánico de Buenos Aires “Carlos Thays”, lleva su nombre en recuerdo a la influencia y el desarrollo de la botánica en la Argentina.

En el año 1910 junto a renombrados naturalistas como Miguel Lillo, Ángel Gallardo, Juan A. Domínguez y Eduardo L. Holmberg y otros, participó de una comisión expresamente formada para elegir a una flor que nos representara y fuera nuestra flor nacional. Aunque aquél primer proyecto no tuvo un dictamen oficial en él se había elegido ya al ceibo y a la pasionaria o mburucuyá como flores representativas de nuestra vegetación autóctona. Recién en el año 1942 se retomó el tema y se designó flor nacional a la flor del ceibo.

Cristóbal M. Hicken, recorrió gran parte de la Argentina participando en diferentes expediciones como botánico recolector. Recordemos al pasar que participó de la expedición de exploración geográfica al Hielo Continental Patagónico junto a Federico Reichert y Lucien Hauman, y que uno de los glaciares de la zona fue bautizado con su nombre.

En su vida elaboró una colección de 150.000 ejemplares vegetales pertenecientes a unas 50.000 especies botánicas diferentes, complementada con una valiosa bibliografía especializada constituida por unos 15.000 títulos.

Los herbarios y los libros propiedad de Hicken constituyeron la base del Instituto de Botánica Darwinion. En 1922 se inició la publicación de la revista “Darwiniana”, que consolidó la difusión de la botánica en todos sus aspectos, inaugurando un provechoso intercambio científico con los más excelsos centros de investigación del país y del extranjero, intercambio que orgullosamente se sigue manteniendo. Años más tarde en 1924, Hicken expresó el deseo de donar al Estado su “Darwinion”, donación que se concretó posteriormente.

A comienzos de la década del `30, Hicken materializó su idea de contruir un edificio en el Barrio Parque Aguirre en San Isidro, pero faltando poco para su terminación falleció un 11 de marzo de 1933.

Concretamente, por decreto 40.581 del 19 de abril de 1934 el gobierno de la Nación aceptó la donación estableciendo además la petición expresa de Hicken en cuanto a que “El Darwinion se destinará exclusivamente a investigaciones científicas relativas a la botánica bajo la dirección y administración de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”

Bibliografía

Hicken, C. M. 1923. Evolución de las ciencias en la República Argentina. VII:Los estudios botánicos. Cincuentenario de la Sociedad Científica Argentina. Imprenta y Casa Editora Coni. Buenos Aires.176p.

Reichert, F. 1967. En la cima de las montañas y de la vida. Ac. Nac. de Agronomía y Veterinaria. Buenos Aires. 484pp.


Pedro De Angelis como Paleontólogo

18 febrero 2011

Una actividad poco conocida de de Pedro Angelis es su dedicación a la paleontología. A mediados sel siglo XIX el cónsul y encargado de negocios Woodie Parish, se interesaba en la adquirir de diversas colecciones de historia natural, documentos y mapas para ser enviados a europa. Entre los materiales remitidos por Parish figuran algunas piezas paleontológicas recolectadas por De Angelis. Se destaca un esqueleto de gliptodonte obtenido en los alrededores del Río Salado, que causó estupor en Inglaterra, originando artículos escritos nada menos que por Richard Owen (padre de la paleontología) en la prestigiosa revista Royal Society de Londes. Lee el resto de esta entrada »


Biografía de Aimé Bompland escrita por P. de Angelis

25 enero 2011

“…Usted insiste, mi muy estimado colega y amigo, en recoger antecedentes sobre mi zarandeada existencia, como si yo, realmente, mereciera el honor de trascender a mi inevitable fin.”. “Si no me quedaran más que cinco minutos de vida, aquellos cinco minutos me resultarían en extremo más ricos que todos los de mi pasado.” Carta de Amado Bonpland a Pedro de Angelis, Sao Borja, 10 de marzo de 1848

Corria el año 3 de enero de 1837, en casa de Pedro de Angelis se encontraba Aimé Bonpland con joviales 64 años y Carlos Enrique Pellegrini, este último compuso a lápiz un dibujo que luego sería histórico. Se trata de uno de los pocos retratos conocidos del famoso botánico.

Pedro de Angelis en 1853 escribió la primera noticia biográfica de Aimé Bompland a modo de simple semblanza periodística. Fue rápidamente reeditada en la Revista del Plata, una de las primeras en ocuparse de temas literarios, culturales y científicos, que dirigió el mismo Pellegrini hasta 1855. El artículo incluyó un retrato litográfico de Bonpland, por lo que con el tiempo su valor histórico cobró mayor estimación.

Nota complementaria del artículo Pedro de Angelis, primer documentalista del rìo de la Plata
publicado en el número 19 del boletín Bio_lógica


Pedro de Angelis, primer documentalista del rìo de la Plata

10 enero 2011

“…Muy rarras son las bibliotecas y los museos que sobreviven a sus fundadores; y más raros los documentos que se perpetúan en el país a que pertenecen y a quién más importa conservarlos”. Pedro de Angelis: Prospecto de una colección de obras y documentos inéditos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata.

La semblanza que ocupa este número de Bio-Lógica está dedicada a un personaje un tanto olvidado, controvertido y criticado tanto en vida como después de su muerte por haber difundido periodisticamente las ideas de los gobiernos que le tocó en suerte actuar. Algunos de sus enemigos políticos lo acusaron de espía y otros de apropiarse indebidamente de documentos relacionados con sus funciones de archivista.

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