Pedro de Angelis, primer documentalista del rìo de la Plata

“…Muy rarras son las bibliotecas y los museos que sobreviven a sus fundadores; y más raros los documentos que se perpetúan en el país a que pertenecen y a quién más importa conservarlos”. Pedro de Angelis: Prospecto de una colección de obras y documentos inéditos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata.

La semblanza que ocupa este número de Bio-Lógica está dedicada a un personaje un tanto olvidado, controvertido y criticado tanto en vida como después de su muerte por haber difundido periodisticamente las ideas de los gobiernos que le tocó en suerte actuar. Algunos de sus enemigos políticos lo acusaron de espía y otros de apropiarse indebidamente de documentos relacionados con sus funciones de archivista.

Contratado primeramente por Bernardino Rivadavia ejerció el periodismo cuestionando las ideas federales. Pasó casi inadvertido los siguientes gobiernos y más adelante en el tiempo, ya con Rosas en el poder, se desempeñó como su periodista polígrafo, justificando las ideas de la Restauración. La llegada de Urquiza prácticamente marcó su final, aunque durante algunos meses también perteneció a su gobierno.

Pedro Antonio Diego Enrique Estanislao de Angelis Nació en Nápoles, Italia, un 29 de junio de 1784. Presenció y vivió acontecimientos importantes de su tiempo, como la huida de los borbones napolitanos o la la desaparición del Reino de Nápoles frente al avance demoledor de Napoleón Bonaparte.También estuvo presente en su resurgimiento, con el reinado del hermano del Emperador, y luego de su cuñado, el mariscal Joaquín Murat.

Durante un tiempo tomó partido dentro de el ejército napoleónico llegando a ser capitán de artillería, aunque su vida ya estaba signada para la historia y filosofía. En ese sentido supo estudiar varios idiomas que lo orientaron más hacia el camino de las letras que al de las armas, aunque ocupó una cátedra dentro Colegio Militar en donde daba clases particulares a los hijos del rey.

Su nata condición intelectual y las relaciones que cultivó le permitieron ser miembro de la Academia de Nápoles y más tarde secretario de la legación de San Petersburgo. Segun algunos autores, allí conoció a joven institutriz suiza, Melanie Dayet con quién se casó.

Con la caída del Imperio napoleónico, se quedó sin trabajo, por lo que viajó a Francia en busca de mejores oportunidades. De Angelis, con 40 años en 1825, tenía una sólida reputación económica e intelectual, que le permitó rodearse de altas personalidades de la cultura de la época.

Bernardino Rivadavia, uno de nuestros más grandes estadistas, buscaba engrandecer al país y para ello buscó en el extranjero, Paris en este caso, hombres cultos como el propio de Angelis o el botánico Bompland para crear aquí una gran movida de progreso y cultura. De esta forma don Pedro de Angelis se encontró de buenas a primeras con un contrato para crear y dirigir dos periódicos en Buenos Aires.

Prontamente viajó junto a su familia y un asociado español, don José Joaquín Mora y su señora, para hacerse cargo de la Imprenta del Estado en 1827.

La llegada fue un tanto desordenada, la guerra con el Brasil y el consiguiente bloqueo demoraron a los recién llegados en Montevideo provocando desazón e incertidumbre. En una misiva a Rivadavia, de Angelis solicita un mejor trato “… Heme aquí, casi prisionero en Montevideo, sin que pueda preveer cuál será el desenlace…, me veo retenido en una ciudad enemiga, donde no tengo más protección que la bondad con que V. E. se digna interesarse por mi suete”. Afortunadamente todo se solucionó prontamente gracias a oficios que el propio Rivadavia encargó a su ministro Julián S. Agüero. Ambos matrimonios viajaron hacia Buenos Aires cruzando el Uruguay a la altlura de la actual ciudad de Carmelo.

Enseguida obtuvo los documentos necesarios e inició la publicación de dos publicaciones periódicas: la Crónica política y literaria de Buenos Aires, y El Conciliador

Ambos periódicos tuvieron una vida efímera editándose pocos números en 1827. La caída de Rivadavia significó el cierre de las publicaciones, por lo que de Angelis se dedicó con su esposa a dictar clases para sobrevivir, y fundó un Ateneo, que tuvo muchos alumnos. También durante algún tiempo participó activamente en los salones literarios y tertulias tan frecuentados por Sastre y Echeverria entre otros grandes hombres de nuestra cultura.

Previamente, mientras Juan Manuel de Rosas se encaminaba al poder, de Angelis había puesto en la calle otro periodico llamado El Lucero, nacido editorialmente en septiembre de 1829. Éste fue el primer periódico que incluyó partes meteorológicos, movimientos de naves en el puerto, cambios de moneda y una estimación de entradas de hacienda en la ciudad. En sus páginas además aparecieron las crónicas de la campaña de Rosas al desierto.

Con una gran visión de futuro, de Angelis ocupó mucho de su tiempo en organizar un archivo de manuscritos y documentos relacionados con los primeros años de la Nación Argentina, que a la postre convertiría en el más importante de su época.

Organizó y colectó, cuanto documento u objeto le pareció de interés. Adquiridos por compra, canje, copias etc. concentró con el tiempo el más importante repertorio de libros, textos inéditos y manuscritos, mapas y objetos relacionados con la geografía, etnografía, las lenguas indígenas y la historia natural. Sin lugar a dudas el corpus documental casi único del pasado rioplatense de incontable valor.

Pedro de Angelis también publicó varios trabajos biográficos siendo uno de los primeros en escribir sobre este género, destacándose su Ensayo histórico sobre la vida del Exmo. Dr. D. Juan Manuel de Rosas, Noticias biográficas del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de Santa Fe, Brigadier D. Estanislao López, Biografía del Sr. General Arenales y del eminente científico Aimé Bonpland (ver recuadro).

Su obra cumbre sin lugar a dusas fue la Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata, que comenzó a publicarse en 1836 y terminó un año más tarde.

Aquella compilación de documentos y textos de primera mano atestiguan minuciosamente los pormenores de la etapa civilizadora española y la actividad evangelizadora de la Compañía de Jesus. La obra originalmente abarcó seis tomos que de Angelis logró editar a través de una prolija elaboración tanto documental como editorial. Publicada en entregas, contó con la colaboración y el apoyo de Rosas quién la respaldó con 500 suscripciones .

Todo lo relacionado y concerniente a cuestiones limítrofes le llamaron poderosamente la atención de tal manera que aparecieron los Derroteros y Viages a la Ciudad Encantada, ó de los Césares. Que se creía existiese en la Cordillera, al sud de Valdivai y Colección de viages y expediciones a los campos de Buenos Aires y a las costas de Patagonia.

En la monumental se incluyeron interesantes crónicas de viajes a Las Misiones y el Gran Chaco, como así también al sur de Buenos Aires etc. Afortunadamente en los años 70`una prestigiosa editorial tomó a su cargo la edición completa de la obra de Angelis, (ver foto) por lo que hoy su consulta está facilitada. Su lectura es fundamental para conocer los pormenores y antecedentes de nuestro pasado colonial.

La llegada de Urquiza al poder, dejó a de Angelis sin oportunidades laborales tanto como periodista como historiador. En síntesis, fue expulsado, aunque él ya se había autoexiliado y se encontraba en Montevideo. Luego pasó a Río de Janeiro donde fue recibido con los mayores honores.

Vuelto a Uruguay en 1854 decidió darle un corte definitivo a su situación económica y laboral. Tramitó la venta de su biblioteca, que como es de imaginar contenía una de las más importantes remesas de documentos relativos la historia del río de La Plata. Luego de varios años y de arduas negociaciones el gobierno de Río de Janeiro obtuvo la compra. Lamentablemente por impericias y desaveniencias políticas una de las mejores colecciones bibliográficas conocida hasta el momento para nuestro país se trasladó al país vecino. Muy poco pudo retenerse, y por lo que sabemos solo quedan jirones de aquel magnífico archivo. No hay una sola bibioteca oficial o pública que posea una colección, no ya completa, ni siquiera estimable, de las obras que de Angelis en vida supo valorar.

Pedro de Angelis era miembro de prestigiosas instituciones internacionales como la la Royal Geographic Society de Londres, la Sociedad de Geografía de París, el Reale Instituto d’Incoraggimiento delle Scienze Naturali de Nápoles, la Massachussetts Historical Society, la Societé Royale des Antiquaires du Nord de Copenhague y la American Philosophical Society de Filadelfia.

En su vejez, siendo todavía rechazado por la mayoría de la intelectualidad nacional, basta recordar los fuertes enfrentamientos con Esteban Echeverría entre otros, fue reconocido y nombrado miembro del Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, a pedido de su creador don  Bartolomé Mitre.

Sin lugar a dudas fue uno de los precursores de nuestro acervo patrimonial en todos sus aspectos, sin haber sido aún valodado su esfuerzo en tal sentido. Pedro de Angelis falleció en Buenos Aires, un 10 de febrero de 1859, sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta.

Bibliografía

De Angelis, P. 1969/1970, Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata. Editorial Plus Ultra. Buenos Aires. Tomos I, II, III, IV, V VI, VII, VIIIa y VIIIb.

Sabor, J. E. 1995. Pedro De Antelis y los origenes de la bibliografía Argentina, ensayo bio-bibliográfico. Ediciones Solar. Buenos Aires. 464pp.

Petriella D. y Miatello S. S. 1976. Diccionario Biográfico Italo-Argentino. Asociación Dante Alighieri de Buenos.

Citar: Pedro de Angelis, primer documentalista del rìo de la Plata. Boletín Bio -Lógica.

Una respuesta a Pedro de Angelis, primer documentalista del rìo de la Plata

  1. Es muy interesante la nota y muy enriquecedora. Sólo discordo en en el tratamiento que se le da a Rivadavia como “uno de nuestros más grandes estadistas”. A mi entender fue un entreguista y en varios sentidos un apatrida que, además de ser el consabido promotor de nuestra primaria deuda externa, renegaba de su condición de negro, raza de la cual no sentía ningún orgullo de pertenecer.
    Atentamente, Horacio Álvarez

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