Alcides D’Orbigny, su viaje a la América Meridional “…solo para saber más”

Retrato de Alcides d´Orbigny

Retrato de Alcides d´Orbigny

“Por fin iba a poner el pie en la tierra tan deseada, cuya exploración y estudio había deseado casi desde mi infancia… ¡qué me importaban entonces los peligros, los disgustos, las desepciones y las fatigas! Nada me faltaba para ser feliz… Estaba en América.” Viaje a la América Meridional. Alcides D´Orbigny. 1826

En el número anterior de esta publicación nombré a Alcides D´Orbygny, refiriéndome a él como como uno de los grandes naturalistas viajeros del siglo XIX. En esta nota conocerán algunos pormenores de su obra principalmente relacionada con el recorrido que hizo en nuestro país. Aquí se relacionó con Bernardino Rivadavia y en su segunda visita a Buenos Aires, colabó unos meses dentro del Museo Público (hoy MACN). Participó del ordenamiento de las colecciones donando algunos duplicados de las colecciones que iba a enviar a europa. El preparador del museo era Carlos Ferraris, con el tiempo D´Orbigny le iba a dedicar una una especie de ostra (Ostrea ferrarisi).

Alcide Charles Victor Marie Dessalines D’Orbigny, tal su nombre completo, nació en Francia, Coveron, Loira inferior, el 6 de septiembre de 1802. Su padre y su hermano se desempeñaban como médicos naturalistas dedicados e escribir y editar libros sobre zoología, botánica o ciencias naturales. esto explica su temprana irrupción dentro de esta rama de la ciencia. Estudió en el Museo de París, al parecer sus dotes de buen dibujante de objetos naturales le permitieron ingresar prontamente al museo como personal estable.

A los 24 años dio a conocer en la Academia de Ciencias una “Tabla Metódica de los Cefalópodos” dando ésta que hablar a reconocidos académicos como Cuvier con quién compartía los lineamientos científicos de la época.

El Museo de Historia Natural de París le ofreció enviarlo a América para explorar y estudiar la flora, fauna, geografía etc, con el objetivo de incrementar sus colecciones sobre el Nuevo Mundo. Según sus propias palabras “Me dedicaba a coordinar mis numerosas observaciones sobre los moluscos, cuando con motivo de la Partida de Europa de una compañía inglesa encargada de explorar las minas de Potosí, en Bolivia, la Administración del Museo concibió el proyecto de enviar a América un naturalista viajero, A principio de (1825) Geoffoy Saint-Hilaire me hizo saber que durante una sesión de la Administración del Museo, de acuerdo con Cuvier, Brongniart y otros colegas suyos, había propuesto encomentarme el viaje planeado…”

D´Orbigny solicitó tiempo para confirmar su desición, se le otorgaron algunos meses, que aprovechó para perfecionar su metodoligía de trabajo, buscó asesoramiento científico con las mismas personalidades que le habían propuesto el cargo manteniendo entrevistas con Humboldt, Cordielle, Letreille, Blainville y otros. El museo le dio un subsidio mensual y fijo para la compra de materiales y reenvíos de las colecciones cifra que resultaba insuficiente, por ello D´Orbigny tuvo la precaución de contactarse con el duque de Rivoli quién lo ayudó con 3000 francos anuales.

Con el título de “naturalista viajero”, partío el 31 de Julio de 1826 del puerto de Brest, a bordo de la Corbeta Meuse con destino final a Buenos Aires, haciéndo escalas en Tenerife, Río de Janeiro y Montevideo.

El viaje se prolongó desde septiembre de 1826 hasta junio de 1833. Visitó seis países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú y Uruguay).

En Argentina realizó un periplo que contempló la navegación del río Paraná hasta más allá de Corrientes Chaco y Misiones. Luego viajó a la Patagonia, pasando a Chile, Perú y Bolivia (Ver recuadro).

De regreso a su país en 1834, D´Orbigny dedicó el siguiente lustro a ordenar y clasificar documentos, observaciones, apuntes, mapas y dibujos, con ellos escribió su monumental obra “Voyage dans L´Amérique Méridionale” conocida por nosotros como “Viaje a la América Meridional”, que demandó trece años de ardua labor. El primer tomo vio la luz en 1839 y el último 1847.

Resumidamente hablando la edición comprendió nueve volúmenes y un atlas de 500 láminas coloreadas. Contiene observaciones sobre historia, geología, geografía, arqueología, etnografía, clima, zoología, botánica, paleontología y toda información relacionada con las ciencias naturales. Comprendió la descripción de 160 mamíferos, 860 aves, 115 reptiles, 166 peces, 980 moluscos, 5.000 insectos y crustáceos y más o menos 3.000 especies de plantas vasculares.

La monumental obra tuvo necesariamente varios colaboradores que analizaron los objetos y muestras colactados por D´Orbigny. Además una buena parte del viaje al sur de la provincia de Buenos Aires no fue recorrida por él, confiandole a su amigo Parchape las anotaciones pertinentes, que luego reescribió a su estilo.

La obra fue traducida al castellano en 1945 y publicada en cuatro tomos por la editorial Futuro de Buenos Aires*.

En Argentina existen varias entidades que tienen ejemplares originales de esta obra, tres por ejemplo están catalogados como incunables dentro de la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba.

Para nuchos estudiosos de la ciencia los escritos de D´Orbygny sólo son comparables con los voluminosos escritos de Humboldt acerca de su viaje a la América equinoccial, aunque por sus características relacionadas con nuestra región debe considerársela en primer lugar. Además, D´Orbigny en Francia escribió varias obras más tales como Galería ornitológica de las aves de Europa, Paleontología francesa (obra realmente monumental compuesta por 14 volúmenes) y un Diccionario Universal de Historia Natural que dirigió su hermano

Por su dedicación a las ciencias naturales D´Orbigny obtuvo en dos oportunidades la medalla Wollaston de la Sociedad Geológica de Londres. En 1853 el Museo de Historia Natural de París lo nombró titular de la Cátedra de Paleontología. La República de Bolivia lo designó Oficial de la Legión de Honor. Fue vicepresidente de la Sociedad Geológica de Francia, además numerosas academias y sociedades francesas y extranjeras lo tuvieron como miembro dentro de sus salas.

Algunas de las observaciones efectuadas por D´Orbigny son hoy difíciles de superar. La gran biodiversidad existente en las regiones que visitó forman parte de una fauna hoy empobrecida por lo que sus aportes tienen un interés especial de valor histórico.

La visión ecológica de sus observaciones es de destacar por sus acertadas apreciaciones futuristas.

Sobre la explotación de leña para abastecer de carbón a Buenos Aires advierte la pronta desaparición del recurso “Su modo de fabricación es de los más viciosa, por lo que el producto resulta muy malo y se pierde mucha cantidad de madera…

Las diferentes especies de árboles que encuentra a su paso y sus distintas aplicaciones proponen al lector o estudioso pintorescos datos. Cita montes frutales de naranjas, duraznos, peras y manzanas, anotando que probablemente fueran plantados por los misioneros jesuitas a mediados del siglo XVIII.

En su travesía por las islas del Delta del Paraná deja constancia de lo fácil que le fue llenar un bote con duraznos perfumados, agregando que con los mismos, los habitantes de la región elaboran “orejones”, “pelones” y también una especie de aguardiente. Respecto a los citrus dice que lo utilizaban hacer un jugo refrescante que los lugareños guardaban en barriles para su conservación.

D´Orbigny diferenciaba bien la flora nativa de la exótica o introducida, en su texto no faltan descripciones de sauces criollos, ceibos, distintos tipos de laureles como el “mini” utilizado para curtir cueros o el “blanco”. Entre los montes observó diversas especies arbóreas como el timbó, refiriendo que la finura de su madera era excelente para ebanistería, el sangre-drago del que se obtiene una resina especial, al igual que el palo de leche con un jugo lechoso y viscoso. No faltan espinillos, aromos o alisos.

Sobre palmeras aclara que algunas fueron llevadas desde Europa, reconociendo entre las autóctonas la Caranday muy buscada para techar y la Yatay observada en Entre Ríos. Su pluma además registró distintas plantas acuáticas como el fascinante irupé o enredaderas y trepadoras de todo tipo.

El naturalista de aquellos tiempos necesariamente tenía que cazar para realizar colecciones y remitirlas para posteriores análisis. La multitud de especies y sus concentraciones proporcionan sobrado material de estudio como de regocijo espiritual.

Las aves, muchas de las cuales eran nuevas para él brindan una inmejorable oportunidad de lucirse con anécdotas y descripciones. La siguiente frase extraida casi al azar de su paso por provincia de Entre Ríos es un buen ejemplo de la sorprendente biodiversidad que observó “… millares de pájaros ictiófagos,… se habían reunido [allí] y presentaban una curiosa mezcla de colores …Me acerqué a la bandada, demasiado ocupada para verme, apunté e hice fuego en dirección al medio. La bandada voló ruidosamente, lanzando diersos chillidos, y vi el lugar cubierto de muertos y heridos, fue un buen tido de fusil para un cazador. Quedaron tendidas dos cigüeñas, dos acacalotes [Ardea ], tres espátulas rosadas y tres garzas.

Además menciona la mayoría de las aves acuáticas como gallineta o rascón gigante de Azara, patos reales, cisne blanco, de cabeza y cuello negro, chajás, cuervos (jotes) varias especies de palomas, cardenales, horneros, leñateros, caranchos, pájaros carpinteros, colibríes, trepadores, atajacaminos, lechuzas golondrinas chopis etc, etc.

La observación de distintas especies de mamíferos de gran tamaño era común, siendo el yaguareté una especie todavía común en los alrededores de Buenos Aires y costas del Paraná. Al respecto en una ocasión, desde la barcaza le señalaron varias cruces colocadas en las orillas explicándole que ellas significaban la muerte de algún viajero bajo las garras del temido felino. Además la tripulación demostraba gran acutela ante la posibilidad de que algún tigre llegara nadando hasta la embarcación. También se refiere a aquellos personajes especiales capaces de buscar encuentros con yaguaretés “los tigreros” describiendo su particular modo de cazar a aquellos animales. “… se arma sólo de un largo cuchillo que esgrime en la mano derecha, envuelve su brazo izuierdo un cuero de oveja y así ataca al [yaguareté] que, tal como acostumbra, se abalanza sobre su agresor….

No faltan relatos sobre las nutrias, cuises o conejillos de las indias, carpinchos, diferentes ciervos, zorros, tapir, pecaríes y monos, refiriendose especificamente al carayá como un gritón llamándolo “higrómetro de los marinos”, en alusión a su costumbre de gritar y subir en grupos a los árboles poco antes de caer grandes tormentas.

Distingue perfectamente al coipo como un roedor y a las vizcachas, además observó murciélagos debajo de la corteza de un sauce.

Entre los reptiles se destacan la víbora de la cruz o yarará que es venenosa, tortugas de agua dulce, anotando como dato curioso que sus huevos luego de ser enterrados para su incubación son devorados por las gallinetas (Ypecahá).Una maniobra desafortunada le hizo perder un dedo de la mano al pretender quitar el lazo a un yacaré recién muerto.

No faltan las descripciones de los peces, en su lista figuran armados, palometas, dorados de casi un metro de longitud y surubíes paties bagres etc..

Los insectos le proporcionan una brillante oportunidad para aumentar sus colecciones. Capturó cientos de ellos y los preclasificó para su envío. Los mosquitos constituían una verdadera pesadilla, “… cuando llueve, estos insectos abandonan en espesas nubes la floresta, donde los incoodan las gotas de agua, para venir a abrevarse, como nuevos vampiros, cn mayor ensañamiento que nunca, en la sangre del infeliz viajero…”. Las luciérnagas, insectos tan particulares le permiten elaborar bellos párrafos “…millares de luces errátiles, producidas por otras tantas luciérnagas, cuya profusión multiplican el reflejo del agua, y que se confundían con las innumerables estrellas que lucían en el firmamento…” también formarán parte de su anecdotario unos coleópteros con élitros dorados o escarabajos de tamaño descomunal.

Los párrafos dedicados a la Paleontología tienen significativo interés y fueron minuciosamente analizados por los especialistas en el tema. D’Orbigny profundizó mucho en este punto ya que en sus comienzos antes de venir a América se havía dedicado al estudio de los moluscos fósiles. Intentó una primera subdivisión del Jurásico y Cretácico, sobre la base de invertebrados fósiles. En Bolivia, trazó un mapa geológico considerado como el primero de aquel país.

A orillas del Paraná también describió restos fósiles tal como los observara el misionero jesuita Thomas Falkner alrededor de 1760.

Por la profundidad y análisis de los estudios D´Orbigny debe ser considerado uno de los científicos que más trabajó en Argentina antes que Darwin y Burmeister. La especialización ación en el estudio de pequeños fósiles marinos, y del polen y las esporas lo coloca en el pedestal de los fundadores de la micropaleontología y los foraminíferos a nivel mundial.

Alcides D´Orbigny, murió rodeado de gloria. en Saint Remis Francia el 30 de junio de 1857.

La presencia de D´Orbigny en Bolivia.

En la vecina República de Bolivia Alcides D´Orbigny es considerado uno de los más grandes exponentes relacionados con las ciencias naturales principalmente con su geología. Durante tres años recorrió el país en toda su extensión, desembarcado en 1829, atravesó el litoral, cruzó la altiplanicie, desendió los valles, o se internó en las selvas del Beni. Dejó brillantes anotaciones sobre las misiones jesuiticas de Moxos y Chiquitos, e inmortalizó a aquel país con la siguiente frase “Si la Tierra desapareciese quedando solamente Bolivia, todos los productos y climas de la tierra se hallarían aquí, Bolivia es el microcosmo del planeta, Por su altura, su clima, por su infinita variedad de matices geográficos. Bolivia viene a ser como la sintesis del mundo”. Los bolivianos, en agradecimiento le rinden continuamente homenaje, prueba de ello son los sellos postales dedicados a la figura del gran naturalista.

Bibliografía

Diaz Argueas, J.1971. Expedicionarios y exploradores del suelo boliviano. Ediciones Camarlinghi. La Paz Bolivia. 206p.

Arce, J. R., 1987. Diccionario biográfico boliviano. Editorial Los amigos del Libro.La Paz. 224p.

Anónimo 2002, Aldice d´Orbigny. Vigencia de una mirada. Bicentenario e su nacimiento (1802 – 2002). Catálogo de la muestra realizada en el MACN en homenaje a los doscientos años de su nacimiento. Buenos Aires.44 pp.

D´Orbigny, A. 1945. Viaje a la América Meridional. Editorial Futuro. 4 tomos. Buenos Aires.

Lascano González, A. 1980. El museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, su historia. Ministerio de Cultura y Educación Secretaría de Estado de Cultura. Editoriales Culturales Argentinas. 139 p.

Gumucio, M. B. 1997. Aldices d´Orbibny, en la tierra prometida (sus viajes por Bolivia 1830-1833). Grupo Editorial Arthrops. La Paz. 162p.

Miguel O. Manceñido, y S. E. Danborenea. 2007. Alcides D´Orbigny: Un Visionario de la Paleontología Global. INSUGEO, Tucumán. Miscelánea, 16:

Alonso, R. N., 2004. Alcide D´Orbigny (1802-1857) y la biodiversidad del Litoral fluvial argentino. INSUGEO, Tucumán. Miscelánea, 12: 11 – 18

Ver artículo original en www.boletinbiologica.com.ar

3 respuestas a Alcides D’Orbigny, su viaje a la América Meridional “…solo para saber más”

  1. sergio porcel sandoval dice:

    aparte de dar mis saludo la verdad es que necesitan publicar el libro y prestar ayuda subiendo los capitulos de cada tomo para dar mayor accesibilidad a todos sus usuarios
    para un mayor conocimiento, sin mas observaciones me despido muy afectuosamente

  2. alguien dice:

    da pero q buen material lokoooo sobre todo xq visito caa cati un pueblito de corrientes

  3. maria ines cuellar dice:

    soy de robore chiquitos en bolivia, por donde paso don alcides y me gustaria saber mas sobre esas zonas, si pueden ayudarme con bibliografia para leer , gracias

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