Dámaso Antonio Larrañaga, el clérigo naturalista

Primeros tiempos: la biblioteca y el museo

Dámaso Antonio Larrañaga, hijo de padres vascos, fue un destacado sacerdote, político escritor y naturalista, íntimamente relacionado con la ciencia y la cultura rioplatense de principios del siglo XIX. Nacido en Montevideo un 9 de diciembre de 1771, tuvo una participación sigular en la creación de lo que con el tiempo se convertiría en nuestro museo. Su educación se inició en el Convernto de San Bernardino, de los padres Franciscanos en Montevideo y continuó en el Colegio San Carlos de Buenos Aires entre 1789 y1792. Distintas disposiciones educativas como la convalidación de titulos etc, lo condicionaron a tomar clases dentro de la Universidad de Córdoba y luego en Río de Janeiro. Finalmente se ordenó sacerdote y regresó a Montevideo en 1799.

Por entonces, fines del siglo XVIII y principios del siguiente algunos paises sudamericanos forjaban su independencia con España, por lo que las cuestiones relacionadas con la cultura, la ciencia y la educación pasaban a un segundo plano. Así es que a nuestro biografiado lo encontramos participando como capellán de las milicias montevideanas en la Reconquista de Buenos Aires en 1804.

Por sus ideas fue perseguido y expulsado de Montevideo en 1811. Pasó por ello algún tiempo en Buenos Aires. Fue integrante de la Asamblea General Constituyente de 1813, como representante de la Banda Oriental, y actuó luego en el Congreso de Capilla Maciel.

Su manifiesto amor por las letras, la ciencia y la educación es advertido por las autoridades de Buenos Aires, que lo designan sub-director de la Biblioteca Pública, nombrado por Saturnino Segurola quién oficiaba de director .

Es dentro de este ámbito donde podemos destacar su actuación relacionada con las ciencias naturales y el museo. Se conocen de esta época varias cartas dirigidas a Doroteo Muñoz, quién en Uruguay coleccionaba objetos de historia natural, siendo uno de los primeros en enviar piezas para el incipiente museo creado por Rivadavia poco tiempo atrás en 1812.

En 1815 Larrañaga vuelve a Montevideo, tal parece que aprovechó esa oportunidad para introducir en el país vecino algunos árboles como la acacia blanca, la mimosa etc.

Un año más tarde, en mayo de 1816 creó la Biblioteca Pública en su pais natal, que se formó gracias a una basta donación de sus propios libros y otros de personalidades allegadas a la cultura. Larrañaga fue además fundador en 1821 de la Sociedad Lancasteriana (nuevo método de enseñanza).

Constituida la República del Uruguay, en 1830, fue electo Senador cargo que ocupó hasta 1835. Entre sus proyectos se destacan leyes de restricción a la pena de muerte, emancipación de esclavos, etc. Al terminar este mandato se dedicó a las funciones eclesiásticas y a escribir. Paulatinamente fue perdiendo la vista, hasta quedar casi completamente ciego. En 1837, fue nombrado co-fundador del Museo de Historia Natural de Uruguay. Además se lo designó primer rector de la Universidad de la República, pero no pudo asumir el cargo ya que falleció un año antes de la apertura de dicho establecimiento.

El botánico naturalista

Diversos autores señalan que a fines del siglo XVIII, Larrañaga ya se distinguia en los estudios de botánica ensayando algunas descripciones. Todas las ramas de la ciencia atrayeron su atención, incluso la mineralogía y la paleontología, siendo uno de los primeros en descubrir ratros del enorme tatú o armadillo fósil en Uruguay.

Se lo considera fiel seguidor de las doctrinas linneanas debido a su constante preocupación por la clasificación de especies botánicas. Supo vincularse con los botánicos franceses Aimé Bonpland y Augusto de Saint Hilaire, con quienes mantuvo una asidua correspondencia. Además se relacionó con otros notables naturalistas y se cree que tuvo alguna entrevista con Félix de Azara.

Larrañaga fue quién introdujo las ostras en el Río de la Plata, comenzando con su reproducción en las costas de la Isla de Lobos y Maldonado.

También llevó la morera y fomentó con ello la producción de gusanos de seda. Obtuvo una interesante cosecha de capullos muy estimados por su calidad y cantidad suficientes como para confeccionar algunos objetos, conociéndose la fabricación de una bolsita de esta fina tela para guardar dinero, que fue obsequiada al General Rivera cuando este era presidente.

Dentro de su producción literaria relacionada con las ciencias naturales, se destaca el Diario de viaje de Montevideo a Paysandú, escrito en 1815, que contiene ricas observaciones sobre la flora y la fauna de los lugares visitados. Figuran además dentro de este contexto descripciones de árboles y plantas de interés medicinal, que guardó en varios cajones. Entre 1820 y 1824, dio a conocer su “Botánica” una obra de gran valor científico para la época, que había comenzado a escribir muchos años antes. La obra de Larrañaga, tiene valor histórico y testimonial. Relacionado con el tema de la naturaleza, escribió también “Fábulas Americanas” en 1826.

Como taxónomo botánico clasificó unas 646 especies de plantas, muchas pertenecientes a la familia de las gramíneas. Fue socio corresponsal de la Sociedad de Historia Natural de París, recibiendo distinciones honoríficas en el extranjero.

Gran parte de sus escritos fueron publicados entre 1922 y 1930, ellos comprenden tres volúmenes de textos y dos atlas ilustrados con mapas y láminas de animales y plantas, algunas hechas por él mismo.

En 1922 el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay publicó sus investigaciones. También, la Universidad Católica del Uruguay lleva su nombre. Por si esto fuera poco, el vecino país le dedicó una estampilla y un billete con su imágen en conmemoración a su trayectoria.

Dámaso Antonio Larrañaga falleció en su quinta de Montevideo el 16 de febrero de 1848 de un ataque cerebro vascular. Se comenta que al momento de sepultarlo, calzaba unas medias de seda que el mismo había mandado fabricar con seda cultivada en su propio criadero.

Bibliografía

Escalante, R. 1998. Las aves de Larrañaga. Editorial El Toboso S.R.L. Montevideo, Uruguay.68 pág.

Furlong, G. SJ 1948. Naturalistas Argentinos durante la dominación Hispánica. Cultura Colonial Argentina VII. Editorial Huarpes S.A. Buenos Aires.

Larrañaga, D. A. 1965. Selección de escritos. Biblioteca Artigas. Colección de Clásicos uruguayos.Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. Montevideo. Vol 92. 262p.

Lascano González, A. 1980. El museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, su historia. Ministerio de Cultura y Educación Secretaría de Estado de Cultura. Editoriales Culturales Argentinas. 139 p.

Citar: Aguilar, H. A. 2009. Dámaso Antonio Larrañaga. El Carnotaurus. Boletin del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia – Año X – Número 108 – diciembre de 2009. p 6-7

Una respuesta a Dámaso Antonio Larrañaga, el clérigo naturalista

  1. gabriel329 dice:

    Estimado Horacio,

    Estupendo artículo, me encantaría reproducir algún fragmento en mi blog, con la correspondiente citación al vuestro, voy a comentar el libro de D.A.Larrañaga “Viaje de Montevideo a Paysandú” y me parecen excelentes los materiales de tu web.

    Mi blog es VillaSayago.Com que si bien en principio no habla de naturaleza, pues es son Historias y Memorias de nuestro barrio natal, estos temas no los descartamos ( simplemente no sabemos tanto como para hacer un post ! ), sucede que en la época colonial, con un Montevideo apenas circunscripto a la bahía, D.A.Larrañaga en su viaje a Paysandú, pasa – saliendo de la capital – por nuestro municipio.

    Linkearé tu blog al mío pues lo seguiré.

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