Carlos Germán Conrado Burmeister, un antes y un después en las ciencias naturales de Argentina del siglo XIX

Carlos G. Burmeister, escultura

Un monumento obra del escultor Richard Aigner se emplazó para honrar su memoria en el Pque tres de Febrero en el año 1900. Éste fue trasladado más tarde, aunque sin el pedestál original al Parque Centenario cerca del actual edificio del Museo Argentino de Ciencias Naturales"Bernardino Rivadavia". Una réplica de su figura se encuentra en una de las principales antesalas del mencionado edificio.

“Este volumen de los Anales no debe aparecer, sin traer a la memoria de los lectores su fundador, el Dr. Burmeister, quien durante treinta años ha tenido bajo su dirección al Museo Nacional de Buenos Aires, elevando esta institución científica argentina al alto rango que en la actualidad ocupa, y a la que abandonó sólo pocos años antes de su muerte” Carlos Berg 1895

El gran naturalista Carlos Conrado Germán Burmeister nació a mediados de nero de 1807, en un pequeño pueblo alemán llamado Stralsund que por entonces se encontraba bajo el dominio de Suecia.

Allí realizó sus primeros estudios entre 1814 y 1825, luego siguió la cerrera de medicina, aunque desde joven se interesó por la entomología, cursando materias dentro de las Universidades de Greifswald y de Halle. Se doctoró en 1829 presentando su tesis “De Inséctorum systemate natural” (Sistema natural de los insectos).

Con el tiempo, Burmeister se desempeñó como profesor de historia natural en Berlín y posteriormente dictó clases de zoología en Halle. Seguramente alguno de sus compañeros de catedra terminaron por convencelo de que se dedicara Historia Natural.

Pasaremos rápida revista a algunos acontecimientos particulares en la vida de este sabio germano, como su primer casamiento con María Elena Sommer, en 1836 del cual nacieron sus hijos: Germán y Enrique.

Aparece en escena Alexander von Humboldt, quién por entonces era reconocido como uno de los mejores referentes de las ciencias naturales, correspondencia de por medio Humboldt le transmite a Burmeister elogiosos comentarios por su libro Historia de la creación (1843), obra de gran trascendencia, traducida a cuatro idiomas con varias ediciones.

Humboldt aconsejó a Burmeister emprender un viaje de estudio a Brasil, y además le consiguió una beca que contemplaba fondos para su realización. De esa manera Burmeister en 1850 visitó Río de Janeiro y Minas Gerais. Allí tuvo un accidente que lo obligó a tomar cama durante un tiempo. Este contratiempo complicó el organigrama del viaje debiendo regresar a Alemania en 1852 con resultados poco satisfactorios, aunque fruto de ese viaje fue su obra Sinopsis de los animales de Brasil. Pese a todo, la naturaleza sudamericana cautivó su pensamiento.

Pronto consiguió nuevo apoyo. En esta oportunidad el mismo Humboldt le propuso un viaje a los Estados del Plata (Argentina), con cartas de presentación del Rey de Prusia, dirigida a las autoridades de la Confederación Argentina (J. B. Alberdi estaba en París y al parecer lo relacionó con Urquiza). El permiso tenía una duración estipulada pero quedaban abiertas las posibilidades para su renovación.

El viaje se materializó en 1856, los intrumentos y libros no llegaron a tiempo a Río de Janeiro, asi que Burmeister antes de llegar a la capital del plata, pasó una corta temporada en Montevideo explorando sus alrededores.

El 30 de Enero de 1857 desembarcó por fin en Buenos Aires, conoció de pasada el museo que por esos días funcionaba junto con la biblioteca en la Manzana de las Luces . “visité sólo la Univerdidad, la cual se encuentra en el antiguo Colegio de los Jesuitas, a tres cuadras al sur de la plaza, frente al mercado de frutas. Es un efificio grande y sólido con muchos salones, entre éstos, habilitado uno parael Museo Nacional, y otro para Biblioteca. El primero es aún bastante insignificante y requiere un vigoroso empuje para elevarse al rango que con razón y derecho debería ocuparun establecimiento de primer orden”

Días después, en febrero viajó por vía fluvial a Rosario, pasó luego a Paraná, donde enseguida realizó observaciones sobre las famosas barrancas.

Entretanto el Gobierno Central había puesto a su entera disposición un gran carretón con la correspondiente caballada y escolta. Burmeister realizó un gran periplo dentro de la Argentina de enconces recorriendo y colectando gran cantidad de ejemplares de la naturaleza, haciendo atentas observaciones. Describió prácticamente todo, desde los espléndidos paisajes hasta la idiosincracia del criollo o gaucho, con su vestimenta y sus costumbres, conjuntamente con el asado, el mate, los ranchos, los bailes, las jineteadas, los caminos de postas etc. Sobresalen las observaciones referentes al algarrobo y sus distintos usos como la utilización de los frutos y semillas para fabricar patay (especie de pan), la aloja como bebida, las chauchas del mismo árbol como alimento para el ganado y los troncos que servían de horcones para sostener los techos de los ranchos.

En Mendoza se detuvo alrededor de un año. Luego volvió a Paraná donde compró una chacra o quinta con la idea de afincarse. También recorrió parte de Córdoba, San Luis, Catamarca, La Rioja, Tucumán etc,. Allí conoció a Petrona de Tejeda, quién más tarde en 1865 fue su segunda esposa, de cuya unión nacieron cuatro hijos: Carlos, Amelia, Federico y Gustavo. Pasó a Copiapó en Chile siguiendo el camino a Lima y El Callao en Perú llagando más tarde a Panamá, desde donde regresó a Europa, a mediados de 1860.

De vuelta a su país natal, Burmeister se encontró con diversos inconvenientes, pese a seguir como profesor en Halle, su situación económica se deterioró, y su primer matrimonio fue insostenible. Consideró más que nunca la posibilidad de volver al Río de la Plata y radicarse para siempre aquí.

Con este panorama, en 1861 tomó contacto con autoridades argentinas (Bartolomé Mitre y Sarmiento) obteniendo una invitación para dirigir el Museo Público que había creado Rivadavia en 1812. Llegó a Buenos Aires en septiembre, pero debido a los conflictos políticos internos, tomó el cargo en febrero de 1862. Desde aquí en adelante Burmeister se dedicó a reactivar desde distintos puntos de vista, la educación y las ciencias. Emprendió diversas acciones para convertir al museo en un gran centro de atracción científica acorde con los adelantos de entonces y los merecimientos de nuestro país.

Basta leer los primeros textos de los Anales del Museo Público de Bs. As. de 1864, para darse cuenta del estado de las colecciones existentes al momento de su llegada. Sólo 14 objetos fueron regalados entre 1828 y 1855. “Desde que tomé posesión del cargo, he organizado el establecimiento casi de nuevo, ya no se ven en el mismo estante, los minerales confundidos con las conchillas, los trofeos con los mamíferos, ni los pájaros en una verdadera confusión…”.

En verdad Burmeister fue un gran administrador y eficáz director, su estrategia se basó en la difusión, creando las primeras publicaciones de paleontología, entomología suadas a descripciones geológicas y faunísticas. Inició valiosas colecciones de insectos, aves, peces y minerales, que se mostraron de manera atractiva en muebles especialmente confeccionados.

Domingo F. Sarmiento, como presidente de la nación, le encomendó a Burmeister gestionar la incorporación de un grupo selecto de científicos para hacerce cargo de la hoy Academia de Ciencias de Córdoba, fundada en 1873.

Con tal motivo vinieron al país los primeros profesores alemanes, casi todos procedentes de la Universidad de Halle, para hacerse cargo de las catedras en la nueva universidad. Las internas políticas del momento entorpecieron el ejercicio educativo, ello motivó dificultades y contribuyeron a debilitar la autoridad de Burmeister como director, quién sintiendose opacado en sus funciones terminó por renunciar, dedicándo nuevamente sus fuerzas al museo.

En esta etapa recibió importantes reconocimientos y condecoraciones. En el extranjero ocho instituciones científicas nombran al sabio alemán socio honorario. Además fue socio correspondiente de 17 entidades y efectivo de 18.

El cincuenta aniversario de su doctorado se celebró dentro de los salones del museo, a él asistieron importantes celebridades de la comunidad alemana en Buenos Aires, como también personalidades del quehacer nacional, científico y cultural. Desde europa, Guillermo de Prusia envió a Burmeister las credenciales de la Orden Real de la Corona, recibiendo además adhesiones de las universidades de Halle, Berlín y San Petesburgo.

A lo largo de su vida, Burmeister describió muchísimas especies entre ellas un cetáceo conocido como “Delfín de Burmesiter” nombrado en 1865. También creó el género de Cánidos Pseudalopex  y algunos artrópodos como Mamboretá de la familia de los Mántidos,

Prestigiosos científicos le dedicaron especies: entre las aves por ej. Chunga burmeisteri, “chuña de patas negras”, un tiránido Phyllomyias burmeisteri “tachurí pico curvo”, un picaflor etc. El Perito Moreno le dedicó un ave fósil Brontornis burmeisteri, Además algunas especies de reptiles lo recuerdan.

Bajo su dirección el museo obtuvo cuantiosos restos fósiles (gliptodontes, toxodontes etc.), aumentó considerablemente la colección de mariposas, caracoles y aves de las que se pudieron catalogar unas 500 especies. Además consolidó la formación de un herbario que incluyó un muestrario de maderas autóctonas.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el museo bajo su gestión comenzó a funcionar, fue prácticamente su casa. Lamentablemente también se convirtió, aunque de forma indirecta en su tumba. En febrero de 1892, al abrir una vitrina dentro del Museo, Burmeister trastabilló desde una escalera pegando su cuerpo con fuerza contra un armario rompiendo un cristal que le produjo una gran herida. Debilitado por este accidente solicitó su retiro (abril de 1892) designando antes en su lugar al Dr. Carlos Berg como su sucesor por desaveniencias con Ameghino. El Dr. Burmeister falleció en su domicilio de la calle Belgrano, el 2 de mayo de 1892, a raíz de las complicaciones surgidas el accidente.

Respecto a su obra bibliográfíca diremos que sus trabajos publicados rondan los trescientos artículos, (más de 170 durante su actuación en Bs. As., muchos de ellos relacionados a la paleontolgía, aunque sobresalen por su más carácter general “Viajes a los estados del Plata”, publicado originalmente en Halle, en 1861 y traducido más tarde por su hijos al castellano en 1943.

Entre 1876 y 1886 apareció su extraordinaria obra “Description Physique de la République Argentine d’après des observations per-sonnelles et étrangères, con un Atlas de Vues Pittoresques et des figures d’Historie Naturelle”, compuesta por 4 volúmenes de los 6 previstos. La editó el Instituto Geográfico Argentino. En ambas Burmeister abarcó temas de climatología, geología y fauna. La última fue presentada en Exposición Geográfica de Venecia de 1891, obteniendo como premio la medalla de oro de calidad y cuidado en su presentación. Asimismo su autor recordó en sus páginas a D. F. Sarmiento, “Mon protecteur et excellent ami”.

Tan importante fue su trayectoria que su entierro, conmocionó al país, a su cepelio asistieron el Presidente de la Nación, Dr. Carlos Pellegrini, el Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública Dr. Juan Balestra, el Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Estanislao S. Zeballos, el Ministro de Alemania junto a otras personalidades de ese país, los Directores del Museo Nacional (Bs. As.), Museo de La Plata y Museo Nacional de Montevideo (República de Uruguay).

Además se pronunciaron emocionados discursos entre ellos Ministro Balestra en nombre del Gobierno Nacional, el Ministro de Alemania D. R. v. Krauel (en idioma alemán), su sucesor Carlos Berg y el Sr. Francisco Seeber, insinuando este último la idea de crear un monumento para perpetuar su memoria

Sus restos se encuentran en el MACN. Fueron depositados el 2 de mayo de 1967, durante la gestión de Max Birabén como director de esa casa de ciencia. Al acto asistieron el Carlos María Gelly y Obes Secretario de Estado, el Presidente de la Institución Cultural Argentino Germana, el Embajador de la República Federal Alemana, Ernest Mohr, y el Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas. El el Subsecretario de Cultura, Gastón Terán, al tomar la palabra menifestó que “el gobierno argentino cumplía un estricto deber hacia los hombres de ciencia extranjeros, en la persona de uno de ellos, entre los más eminentes, que dieron lo más preciado de sí mismos a la comunidad que los acogió”.

“Tenemos un gran museo, pero no lo aprovechamos, (…) ¿Amontonar especies y especies, vivir como un embrión sin manifestaciones, adquirir objeto tras objeto para que sean conocidos por los europeos y tarde o nunca por nosotros?” E. L. Holmberg (1878)

Bibliografía

Anales del Museo Nacional de Buenos Aires, Tomo IV, Buenos Aires, Segundo semestre de 1895.

Burmeister, G. 1943/44. Viaje por los Estados del Plata. Unión Germánica Argentina. Buenos Aires. 4 tomos.

Giachino, A., 2000. Breve biografía de Carlos Germán Conrado burmeister (1807-1892) www……zara

Lascano González, A. 1980. El museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, su historia. Ministerio de Cultura y Educación Secretaría de Estado de Cultura. Editoriales Culturales Argentinas. 139 p.

Mantegari, C. 2003. Germán Burmeister. La institucionalización científica en la Argentina del siglo XIX. UNSAM. Jorge Baudio Ediciones. Buenos Aires. 230p.

Steullet, A. B. y E. A. Deautier. 1935. Catálogo sistemático de las aves de la República Argentina. Universidad Nacional de La Plata. Buenos Aires.

Citar: Aguilar H. A. 2009. Carlos Germán Conrado Burmeister. Boletín Biológica Nº 14. pp. 3-6 : www.boletinbiologica.com.ar

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