Eduardo Ladislao Holmberg, entre las letras y las ciencias

E. L. Holmberg

Eduardo Ladislao Holmberg, fundador del Jardín Zoológico de Buenos Aires.

En la última Feria Internacional del Libro que se realizó hace poco en Buenos Aires, concurrí a una conferencia que trataba sobre “el Arte y las Ciencias”. Allí se me ocurrió la idea de plasmar la siguiente noticia biográfica, sin mayores pretensiones que presentar a Eduardo Ladislao Holmberg como un naturalista polifacético preocupado por la divulgación de las ciencias naturales en la Argentina de fines del siglo XIX. Es que la ciencia como el arte o viceversa nacen de una misma raiz troncal común,  pasión sublime y sentimental que pocos seres humanos saben administrar adecuadamente. Holmberg supo cultivar ambas pasiones y llevarlas unidas durante toda su vida.

Eduardo Ladislao Holmberg, nació en el seno de esta capital, en la calle Viamonte entre Florida y Maipú un 27 de junio de 1852.

Su abuelo por línea paterna había sido un militar austríaco-alemán. Llegó a Buenos Aires en una fragata inglesa en la que también venía don José de San Martín y participó en las batallas de nuestra independencia junto a Belgrano. La madre de nuestro biografiado fue Laura Correa Morales y su padre Eduardo Wenceslao, quién también siguió la carrera militar destacándose al lado de Lavalle, por lo que tuvo que exiliarse a Chile junto a Sarmiento en 1831 mientras gobernaba Rosas.

Desde niño Holmberg tuvo una atracción especial por la naturaleza. Su familia disponía de un gran espacio natural delimitado por calles Santa Fe, Las Heras, Scalabrini Ortiz y Julián Álvarez dentro de esta capital, allí por aquellos años se cultivaban distintas especies de flores arbustos y árboles por lo que las aves, los insectos y las mariposas estuvieron siempre al alcance de su mano. Sus propias palabras reflejan el amor y la sabiduría por la naturaleza “La proximidad del Río de la Plata, con su vegetación natural y esas frondosas quintas, contribuían al desarrollo de una riquísima fauna, en que solo las aves se hallaban representadas por más de doscientas especies”. Además su abuelo poseía una importante biblioteca en la que no faltaban los libros de historia natural.

Los estudios primarios los hizo como pupilo en la escuela de don Francisco Reynolds, allí estudió casi a la perfección las dos lenguas vivas más importantes de mediados del siglo XIX, el francés y el inglés. Luego aprendió latín con el famoso profesor Larsen.

Entre 1872 y 1886 Holmberg realizó una serie de excursiones relacionadas con las ciencias naturales destacándose “Viaje a la Patagonia, “Viaje  a las provincias del norte”,  “Una excursión por el río Luján”, “Viajes a las sierras de Tandil y de la Tinta”, “Viaje a la sierra de Cura-Malal”, “Viaje al Chaco” y “Viaje a Misiones. La mayoría de esos viajes fueron publicados en prestigiosas revistas de ciencias, presisamente hablando de ello, digamos que en 1878 fundó con su amigo Enrique Lynch Arribálzaga la revista El Naturalista Argentino, primera en nuestro país que trató temas de ciencias naturales a nivel divulgativo. Su importancia cruzó las fronteras y pronto llegaron pedidos de suscripción, entre ellos el Instituto Americano de Berlín o el Museo Británico y la Biblioteca de Washington. Además creó junto a otros naturalistas de su tiempo la revista Physis que lamentablemente dejó de publicarse en el año 2007.

Durante nás de cuatro decadas Holmberg se dedicó a la enseñanza de las ciencias naturales, él mismo se vanaglorió en el Congreso de Historia Natural realizado en Tucumán en 1916 expresando su satisfacción de ser el primer argentino que enseñaba Historia Natural, y también el que dentro de sus clases utilizaba ejemplos argentinos.

En 1880 con 28 años de edad se recibió de médico, aunque pocas veces ejerció la profesión, siendo famosas sus frases “Amigo, págueme con veinte centavos, así no podrá decirse que yo atiendo gratis a la gente…”“Vea, cuando encuentre a un necesitado, déle lo que usted creía que yo le iba a cobrar, y así quedaremos a mano”.

La relación con el jardín zoológico comenzó en 1888 cuando fue nombrado Director de la “Sección Zoológica” del Parque Tres de Febrero. Vale la pena que conozcamos algunos detalles de su actuación. Las fuentes bibliográficas cuentan que el doctor Eduardo Wilde, Ministro del Interior bajo la presidencia de Juarez Celman, un día le dijo: “Pídame algo, Ud que nunca pide nada…” Holmberg solicitó ser nombrado Director del Jardín Zoológico. Un tiempo después se destinó el lugar para el futuro zoo, el área colindaba con los terrenos que poseía su familia y son más o menos los que ocupa actualmente. (algunas versiones cuentan que fueron donados por sus parientes). Claro que por entonces esas tierras eran pantanosas e inundables, con vegetación enmarañada y presencia de peligrosos perros cimarrones. Además en lo que hoy es Plaza Italia funcionaba el “Buenos Aires Gun Club” lugar donde se practicaba tiro a la paloma y el Ferrocarril del Norte lo cruzaba desde la Avenida Sarmiento, hasta Acevedo (actualmente República de la India).

Holmberg, conjuntamente con una comisión integrada por Florentino Ameghino, Carlos Berg y Enrique Lynch Arribálzaga, diseñó el plano del zoo porteño, que fue aprobado en 1889, el que con pequeñas modificaciones puede visitarse hoy.

Algunos de sus trabajos más importantes fueron la expropiación del club, el desvio de las vías férreas, el relleno del lugar, la ubicación de los lagos, el diseño de los senderos, la plantación de árboles etc.

Nos explayaremos brevemente sobre los lugares definidos para albergar a los animales. Por entonces no existía el concepto actual de mostrar a las especies en su ámbito natural, no obstante Holmberg adoptó una idea novedosa que consistió en ubicar a cada animal en un albergue o recinto alusivo al lugar de donde provenía. Una de las primeras construcciones se hizo en 1897, fue el castillo gótico para los osos que aún podemos observar sobre la Avenida del Libertador, le siguió en 1889 la casa de los reptiles y la tipo suiza de los ciervos. Así los lugares destinados a los camélidos tendrán estilo árabe; los equinos, persa; las cebras el morisco, etc. El templo hindú de los elefantes es réplica del Templo de la Diosa Nimaschi existente en Bombay, India, obra del arquitecto Vicente Cestari. Todo ello sumado a lo que no anotamos forma parte de nuestro partimonio cultural que a veces olvidamos admirar cuando recorremos sus instalaciones.

La obtención de animales es otro capítulo y detallarlo como quisiéramos nos llevaría un buen espacio, sólo diremos que los ejemplares se adquirieron por compra a través de visitas efectuadas a la famosa casa de animales de Carlos Hagenbeck en Alemania en  1889, llegaron embarcados en varias etapas unos 100 mamíferos, 62 aves y 4 reptiles. Enseguida se sumaron huéspedes autóctonos obtenidos por canje o capturas efectuadas en nuestro país. El éxito queda demostrado si pensamos que l892 se censaron más de mil ejemplares en total.

Por entonces, Holmberg produce el primer número de la Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires donde aparecen importantes notas y trabajos científicos, la misma se inaugura con unas palabras escritas por él mismo, “Un Jardín Zoológico no es un lujo, ni es una ostentación vanidosa y superflua; es un complemento amable y severo de las leyes nacionales relativas a instrucción pública. El Jardín Zoológico, tal como el Director lo comprende no es solamente una exhibición de animales, debe ser algo más, y la prueba de ello consta en este primer número de la REVISTA, donde se dará noticias de lo que al Jardín Zoológico se refiere, pero que admitirá siempre el tributo de aquellos que en su corazón levantaron un altar a las Ciencias Naturales”.

Diversas cuestiones y desaveniencias políticas desencadenan la renuncia de Holmberg como director del Jardín Zoológico en 1903. La revista Caras y Caretas, con el título “En el Jardín Zoológico: La despedida del doctor Holmberg”, publicó un artículo que cuenta como luego de dar un paseo y retirar algunas pertenencias de su gabinete Holmberg, sin siquiera volver la vista “se sacudió los zapatos, para que en ellos no quedara ni siquiera la tierra del jardín”.

Como naturalista Holmberg publicó trabajos referentes a geología, botánica, mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces, moluscos, arácnidos (fue especialista), insectos, fauna en general y arqueología. Se destácan sus trabajos “El joven coleccionista de historia natural”  en el cual el autor busca templar el carácter de los estudiantes a través de una seie de instrucciones dedicadas principalmente a fomentar la lectura y la perseverancia en el trabajo. Ferviente admirador de Darwin, se explayó sobre él y su tehoría en más de una oportunidad.

La mayoría de los diarios y revistas de la época tuvieron alguna nota de su pluma: El Nacional, La Epoca, La Crónica, La Nación y La Prensa. Caras y Caretas, Fray Mocho etc.

Sobresalió como autor de cuentos, siendo considerado el fundador del género “ficción” en la Argentina y uno de los primeros en publicar “los folletines” (novelas escritas en partes). Escribió una veintena de libros (novela, ciencia ficción y policiales) sobresalen títulos como “La bolsa de Huesos”, “La pipa del Hoffmann”, “Viaje maravilloso del señor Nic-Nac al planeta Marte”, “Filigranas de cera”, “La casa endiablada”, “Horacio Kalibang o Los autómatas” y muchos más. También incursionó en la poesía siendo famosos sus versos “Lin Calel” de unos 7.000 versos. Tradujo importantes obras del inglés y del alemán al castellano, de autores como Charles Dickens, H. G. Welles y Sir Arthur Conan Doyle.

Recientemente el Ing. Horacio Reggini con muy buen criterio y aguda investigación, ha publicado una obra sobre “Holmberg y la Academia” permitiéndonos conocer las cualidades literarias de nuestro biografiado. También los reconocidos naturalistas Juan Carlos Chebez  y Bárbara Gasparri han rescatado del olvido varios trabajos de Holmberg relacionados con sus excursiones dentro de la provincia de Buenos Aires. Los autores además de publicar los viajes (difíciles de conseguir en su versión original) han actualizado la mayoría de las citas zoológicas.

En 1915 el doctor Holmberg desidió dejar la enseñanza acadéica. Distintos organismos se encargaron de premiar su labor, La Universidad de Buenos Aires le otorgó el título de “doctor honoris causa en Ciencias Naturales”, la Sociedad Científica Argentina lo nombró “socio honorario”, la Facultad de Ciencias “profesor honorario”, la Academia de Ciencias “presidente honorario”, la de Medicina “académico honorario”, el Museo de Historia Natural lo nombra “su protector” y la Intendencia Municipal instituyó un premio con su nombre, que entregará la Academia de Ciencias anualmente al mejor trabajo en Ciencias Naturales. El Jardín Zoológico de Buenos Aires lleva su nombre “Dr. Eduardo Ladislao Holmberg” desde 1990 en justo reconocimiento a su labor.

Este gran educador de las ciencias naturales falleció a los 85 años. un 4 de noviembre de 1937, dejó varias obras inéditas “El vampiro negro”, “Olimpo Pitango de Monalia” entre otras, que su hijo, el doctor Luis Holmberg editó en 1952.

Eduardo L. Holmberg vivió en la calle Cerrito 858. De paso por el lugar a veces me detengo y escucho voces que parecen venir del más allá. Es que allí Holmberg como anfitrión, se reunía en interminables tertulias con Joaquín V. González, Roberto J. Payró, Martín Coronado, Rafael Obligado, Rubén Darío, Juan B. Ambrosetti, los hermanos Lynch Arribalzaga y otros intelectuales de la época. Quién escribe, considera que el maestro aún sigue enseñando, su última clase no ha terminado…

Bibliografía:

Chebez, J. C. y C. Bertonatti. 2006. De Museo. Vida Silvestre Nº 96. Revista de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Buenos Aires.

Del Pino Diego A. 1979. Historia del Jardín Zoológico Municipal. Cuadernos de Buenos Aires. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Holmberg, E. L. 1887. Viaje a Misiones. Obra publicada en el Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, tomo X, p. I y siguientes. Imprenta de Pablo E. Coni e Hijos. Buenos Aires.

Holmberg, E. L. 1905. El joven coleccionista de historia natural en la argentina. Publicaciones de la Sociedad Luz. Buenos Aires. 197p.

Holmberg, E. L. 2008. Excursiones bonaerenses. Col. Viajeros olvidados. Editorial Albatros. Buenos Aires. 240p.

Reggini, H. C. 2007. Eduardo Ladislao Holmberg y la Academia. Vida y obra. Ediciones Galápago. Buenos Aires. 154p.

Artículo publicado en Boletín Bio_lógica Nº 12 Julio de 2009

2 respuestas a Eduardo Ladislao Holmberg, entre las letras y las ciencias

  1. Arqq. Juan Carlos Simone dice:

    Estoy tratandode reconstruir la memoria de una elefanta llamada Dhalias, que vivio en el zoológico de Buenos Aires y posiblemente haya sido enviada a Buenos <aires por Carlos Hagenbeck.
    Me interesaria saber e intercambiar conocimientos con personas que tengan alguna inquitud afin.
    Gracias

  2. maria jose dice:

    acabo de leer este comentario del arq juan carlos simone y quería comentarle (no pude encontrar su dirección de mail, así que lo escribo aquí y espero que se lo envíes)
    que en un libro de marcos freiberg llamado El mundo del zoo (edit albatros, 1974)hay un capítulo que habla de Dhalias.
    el libro está agotado, pero se consigue x mercado libre
    link:
    http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-70370806-marcos-freiberg-el-mundo-del-zoo-relatos-vividos-albatros-_JM
    y eventualemente en mesas de saldos.

    además aprovecho la oportunidad para felicitarlo x sus notas que son excelentes lo mismo que todo su blog
    gracias!

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