Historia Natural del “Gran Chaco” (II)

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Lugar donde se estableció primitivamente la reducción jesuítica "del Timbó". Actualmente localidad de Herradura en la provincia de Formosa. Foto M. Cristina Setrini.

Ver anterior

Los misioneros jesuitas: Muchos jesuitas participaron en sucesos históricos o políticos relacionados con la conquista del Chaco y hasta algunos dejaron sus vidas evangelizando a los indios, que temerosos o provocados por los conquistadores respondieron cobrando también vidas inocentes. Por ello a la región se la llamó “el sepulcro de los misioneros2”. De este modo el Gran Chaco quedó relegado mucho tiempo a las investigaciones de estudiosos o naturalistas, de quienes recién tendremos observaciones científicas a partir de principios del siglo XX.

Las reducciones que se fundaron estuvieron por lo general en los bordes del Gran Chaco, algunas de ellas se mudaron de lugar y otras desaparecieron o fueron destruidas, destacándose San Jerónimo (actual Reconquista, Santa Fe), San Fernando (actual Resistencia, Chaco) y Rosario del Timbó (actual Herradura, Formosa ver fotografía), todas ubicadas a la vera de los ríos Paraná y Paraguay; dentro de lo que actualmente conocemos como Chaco Húmedo. Por otra parte se encontraban las reducciones de San Esteban de Miraflores, Macapillo o Nuestra Señora del Pilar, Petacas, etc., localizadas en el oeste en cercanías del río Salado del Norte o Juramento.

Unos pocos misioneros jesuitas lograron recorrer aquellas vastedades. Nos referiremos brevemente a algunos, por cuanto de ellos conocemos las primeras noticias relativas a la flora y fauna del Gran Chaco.

Alonso Barzana y Pedro de Añasco: Misionaron entre indios Vilelas y Lules. Como refiere Furlong (1938): “El primero que con singular intrepidez acometió esta empresa fue el P. Alonso Barzana. En 1593, después de haber trabajado heroica y abnegadamente entre los Lules y Matarás, partió del Tucumán hasta la ciudad de Corrientes, a través de las inmensas llanuras y espesos bosques chaqueños”.

Gabriel Patiño: A este jesuita se debe el topónimo de los grandes esteros formoseños del río Pilcomayo medio que llevan su nombre. Su viaje se inició el 14 de agosto de 1721, en compañía de otros religiosos y una guardia de soldados, los que partierron desde el Paraguay y navegaron el Pilcomayo, (Lista 1998). Anotó este misionero hacia el día 20 que “… El río tiene más de 19 varas de profundidad y como 39 de ancho. Las corrientes del Paraguay rebalsan hasta algunas leguas adentro del Pilcomayo, haciendo subir el nivel de éste. Tierra llana, arboledas, palmeras, lagunas y esteros a ambos lados.” Para los días 7 y 8 de septiembre de 1721 se lee, “… Bosques, esteros y lagunas en ambas orillas… a lo lejos campos limpios y grandes palmeras. Distancia recorrida 78 leguas”. Día 2 de noviembre: “… En las 60 leguas precedentes se crían en las riberas unas cañas fuertes y sólidas, que [los indios] llaman Huybá (Totoras), porque su flor sirve para flechas, son útiles para techos. Muchos tigres en la distancia indicada…” Patiño fue asesinado por los indios a fines de 1721.

Antonio Moxi: Misionó entre los Vilelas del sudeste de Salta (Furlong 1939) y describió interesantes notas sobre la fauna, entre las que se destacan “…Tigres en abundancia, Leopardos, Osos Hormigueros, Aguarás, Ciervos, Corsuelas, Antas, por otro nombre la Gran bestia, Jabalíes de tres castas, y a los cuales los indios dan diferentes nombres,…”. Recordemos que recién a fines de los años 70 ya en el siglo XX, la ciencia confirmó que había tres especies de pecaríes o “chanchos” y no dos como hasta ese momento se creyó, (el último en describirse fue el Chancho Quimilero Catagonus wagneri). Además Moxi describió algunas especies de reptiles y aves, de las cuales “… las más ordinarias son Avestruces, Charatas, Chuñas, Perdices de dos especies, Loros, Patos de muchas raleas, Palomas, Tórtolas y otras innumerables.”

Vicente Olcina: Misionó en las reducciones de Vilelas y Lules, dejando valiosas descripciones zoológicas, por ejemplo de varias abejas y de árboles típicos como el lapacho, el palo santo y palmeras (Furlong 1939). Maravillado por el paisaje chaqueño, escribió: “A más del espectáculo agradable a la vista, de tanta multitud de palmas, ofrece [el chaco] otro suelo, no menos curioso, y es una increíble multitud de hormigueros, que sobresalen bastante, formados todos de torrecitas piramidales para tener las hormigas donde guarecerse en tiempo de inundaciones…”. El relato no estaría completo si no escribiera sobre los Osos Hormigueros: “… le conviene perfectamente el nombre que le han puesto, porque el cuerpo, la fiereza y garras son de oso, a excepción de la cola, cuyas cerdas son tan largas, que con ellas se cubre todo el cuerpo y, bien atadas en un manojito, son el ordinario peine de las indias infieles. Aún hay más diferencia en la boca, si boca se puede llamar una trompa muy delgada y de más de media vara, que es como la vaina de una lengua sutilísima, y mucho más larga que la trompa…”. En sus textos hay además observaciones sobre los pecaríes “… de estos últimos hay varias especies, diferentes de las de Europa, y en algunos parajes hay tanta multitud de ellos que no se puede creer si no se ve. Se encuentran manadas de cuatrocientas y más, y de muy lejos se oye el ruido que meten los colmillos, que es espantoso…”. Es interesante el relato sobre el urutaú “… me ha parecido extraordinaria, porque remeda tan bien con su canto la voz del hombre, que varias voces oyéndola a lo lejos he creído que eran indios que gritaban dentro del bosque,… sobre una rama de árbol pone sus huevos sin más preparativos ni precauciones y allí los empolla y saca”. “Anda solo de noche y su único ejercicio es buscar para alimentarse una especie de miel clara y sabrocísima llamada Cuales en lengua Lule…”.

Roque Gorostiza: Misionó entre los Lules de Tucumán y recorrió varias veces el Chaco Seco, llegando en 1762 al río Grande o Bermejo (Furlong 1941) pero pasando grandes penurias “… no se encuentra agua [entre el río Grande y el Pasaje o Salado] sino en algunos pocos meses del año… y es preciso dejar a pedazos la ropa y hasta el pellejo…”. En otros pasajes de su relato asegura haberse alimentado solamente con plantas de tasi y chaguar. Según Furlong (1938b), otro misionero, el Padre Castro, dejó más noticias sobre Gorostiza, diciendo al verlo de regreso de un viaje que “… llegaron al fuerte de San Luis de los Pitos más muertos que vivos, pues parecían esqueletos secos… hubo día en que no pudieron recoger sino una boga, siendo así que aquel caudaloso río [Bermejo o Grande] y sus lagunas son tan abundantes en pescar.”

José Jolís: Estuvo en las reducciones del Gran Chaco entre 1762 y 1767, y debe ser considerado junto con Dobrizhoffer, Sánchez Labrador y Paucke (ver más adelante) uno de los más importantes misioneros naturalistas. Aunque sus biógrafos refieren que sus anotaciones están dedicadas al Chaco Seco, sabemos que al menos realizó tres viajes hacia el sector oriental. En marzo de 1767, partiendo desde la reducción de Nuestra Señora del Pilar o Macapillo, recorrió buena parte de las adyacencias del río Bermejo o Grande, llegando hasta el paralelo 60º en procura de campos aptos para establecer nuevas reducciones (Furlong 1920). Su obra cumbre, “Saggio sulla storia naturale della provincia del Gran Chaco”, apareció en 1789 y fue reeditada en 1972 con el título de “Ensayo sobre la Historia Natural del Gran Chaco” por la Universidad Nacional del Nordeste (Furlong 1939). Fue impresa parcialmente debido a la prematura muerte de su autor. No obstante ello, la parte publicada es justamente la que contiene todas las noticias de la naturaleza. Ernesto Maeder, en el estudio preliminar de la obra, nos dice: “…de unos 150 nombres [de personas] citados, la tercera parte son naturalistas, médicos, zoólogos o botánicos” (Jolís 1972). Se conoce además que algunos pliegos del segundo tomo, ya impresos pero sin publicar, fueron usados como envoltura en los mercados de Italia (Furlong 1948). El volumen editado fue dividido en siete libros y 55 artículos. El libro I describe la geografía, ríos, lagunas, clima, suelo, etc. El libro II está dedicado a la botánica, incluyendo plantas medicinales y tintóreas. El libro III comprende los mamíferos, siendo algunos de los artículos más importantes: “De los cuadrúpedos”, “Cuadrúpedos propios del nuevo mundo”, “Del tatú o armadillo”, “Jabalíes del Chaco”, y “Ciervos, gamos y cabras del Chaco”, entre otros. En el libro IV fueron tratadas las aves: “Riqueza de pájaros”, “Belleza y suavidad de su canto”; “Pájaros fisípedos”, “De las aves palmípedas”, etc. El libro V se refiere a los reptiles e insectos: “De los reptiles cuadrúpedos”, “De las serpientes”, “De las serpientes venenosas”, “De los insectos”. El libro VI describe los indígenas del Chaco y en el VII hace mención a las ciudades más importantes de la región.

Joaquín Camaño: Nacido en la provincia de La Rioja, fue uno de los pocos jesuitas argentinos miembro de la orden. Dejó escritas obras de etnografía y un “Diccionario de lenguas” de los indios chaqueños. Como cartógrafo compuso algunos mapas de la región, destacándose el “Mapa de la Región del Chaco”, publicado por Jolís en 1789. Además escribió la relación “Noticias del Gran Chaco”, que contiene copiosa información sobre la fauna, flora y geografía de la región (Furlong 1955 y 1969).

José Cardiel: Fue quizás el jesuita que más viajó, recorriendo desde el Guairá (al norte de Asunción) hasta las costas patagónicas. Así lo encontramos en las reducciones de los abipones y mocobíes de Santa Fe, junto a Martín Dobrizhoffer y Florián Paucke, o en la llanura pampeana describiendo talares, rumbo al río Sauce (hoy río Negro), en compañía de Tomás Falkner, Matías Strobel y otros. Además navegó junto al Padre Quiroga y Strobel hacia las costas patagónicas. Según Félix Outes “de cuanto vio y supo en sus viajes nos dejó Cardiel relaciones y cartas geográficas, unas y otras de tanto valor…” (Furlong 1953). Realizó algunas piezas cartográficas, entre ellas un mapa del Gran Chaco.

Martín Dobrizhoffer: Al destacar su labor debemos considerarlo uno de los más importantes misioneros naturalistas, especialmente al referirnos al Chaco Húmedo. Fue autor de la célebre obra “Historia de los Abipones” publicada en latín en el año 1784. Por su importancia se tradujo al inglés y más tarde al castellano (Dobrizhoffer 1967). Fundó las reducciones de San Fernando, San Jerónimo y Rosario del Timbó. Esta última fue levantada en los alrededores de la actual localidad de Herradura, en el sudeste de Formosa, no lejos de la Reserva El Bagual, dejándonos además una ilustración de la misma (Figura 2). En su obra pueden hallarse muchísimas descripciones del paisaje chaqueño y sus anotaciones brindan detalles significativos sobre la vida y el comportamiento de los animales y plantas. Titula la parte zoológica “De algunas fieras singulares, tales como el tigre, el león, el anta, el oso hormiguero, guanacos etc.”. Demostrando humildad y sabiduría en el primer párrafo de ese capítulo comenta que “Con razón podría reprocharse a mi historia de insuficiente si yo no mencionara brevemente y como al pasar por lo menos las propiedades más memorables de los cuadrúpedos, anfibios, aves, peces, plantas, árboles y sus frutas. Sin duda yo habría contemplado de más cerca y con mayor atención estos espectáculos de la naturaleza en Paraquaria, si hubiera previsto que escribiría acerca de ellos en Austria”. Al ocuparse de las aves escribe: “Paracuaria no tiene aves Europeas fuera de golondrinas, pero en cambio tiene aves indígenas que en Europa se desconocen por completo… He de describir sólo algunas de esta gran cantidad”. Con el título de “Picaflores, Cóndores o buitres” escribe “Pasemos desde la ave más pequeña a la más grande”. Trata en su libro otras especies: “Avestruz, Cardenal, varias palomas silvestres, géneros de loro, etc”. En la introducción a la parte botánica recuerda a su amigo Tomás Falkner, diciendo que era “…inglés, uno de los médicos más expertos y botánico que ha conquistado los méritos más importantes durante muchos años entre los bárbaros del Sud cerca del Estrecho de Magallanes, decía frecuente y públicamente que la Naturaleza benéfica habría brindado a Paracuaria tantas plantas, raíces, resinas, maderas y frutas que si se conocieran todas sus fuerzas y cualidades, no se necesitarían para ninguna enfermedad las farmacias europeas pues, según el testimonio de Séneca, la ciencia médica consistió en tiempos antiguos en el conocimiento de unas pocas hierbas de modo que recién poco a poco ha sido ampliada a este grado su inmensidad actual”. Reconocidos naturalistas del siglo XIX como Charles Darwin y Alcides d´Orbigny, destacan la importancia de la obra de Dobrizhoffer.

Agustín Castañares: Este misionero navegó un tramo del río Pilcomayo en el año 1740. Lista (1998) en su capítulo “Antecedentes históricos” [del Chaco] dice que: “Observó muchas lagunas a uno y otro lado del río, siendo generalmente dulces sus aguas. La bajante del río le obligó a volverse.”

José Sánchez Labrador y Florián Paucke: Otros dos de los más importantes integrantes de la compañía de Jesús. Desde el Paraguay y desde el centro de Santa Fe, respectivamente, realizaron varias excursiones, alcanzando en algunas de ellas posiblemente las cercanías del Chaco Húmedo. Sánchez Labrador, quizás el más prolífico de todos, escribió unos treinta volúmenes entre los que se destacan “El Paraguay Natural“, “El Paraguay Cultivado” y “El Paraguay Catholico”. También dejó ilustraciones destacándose muchos dibujos sobre flora y fauna . Paucke dejó sus crónicas que fueron traducidas en 1942-44 al castellano como “Hacia allá y para acá. Una estada entre los indios mocobies 1749-1767″, publicada en cuatro tomos por la Universidad Nacional de Tucumán y el Instituto Cultural Argentino-Germano. Incluye más de cien láminas a color, las que del punto de vista iconográfico constituyen el primer conjunto de ilustraciones sobre las ciencias naturales reunidas por un naturalista para esta región del mundo. Las obras de estos misioneros, más aún la de Paucke, son de indispensable consulta porque contemplan en su contenido gran parte de las riquezas naturales de la región (Furlong 1938, Aguilar 2004).

Ver siguiente (Final)

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2 respuestas a Historia Natural del “Gran Chaco” (II)

  1. Florian Paucke dice:

    Me gustaría poder ver las imágenes de los dibujos realizados a manopor Florián Paucke

  2. ALEX dice:

    en que parte hablas del chaco seco y chaco humedo xq la verdad empece a leer hasta que me aburri osea hastA “LA PRIMER PALABRA”..

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