Recolección de plumas de garzas: No fue cuento

Sombrero Femenino. Imágen de principio del siglo XX

Sombrero Femenino mostrando los Aigrettes. Imágen de principio del siglo XX

Entre finales de siglo XIX y principios del XX se puso de moda la utilización de plumas de diferentes especies de garzas para la confección de sombreros de femeninos. En Flores de seibo, sexto capítulo del libro “Un Viaje al país de los matreros” Fray Mocho(1), describe cómo se llevaban a cabo este tipo de cacerías.
“En una de las excursiones que hice a las tierras bajas (acompañado por ño Ciriaco y sus agregados) tropezamos con una cruz de madera que alzaba sus brazos sobre un pequeño albardón en la entrada de un pintoresco arroyito de esos que sirven de refugio a los barquichuelos cuando quieren escapar a las miradas imprudentes, pues penetrando en él y abatiendo su palo, se hacen completamente invisibles.

-¡Aquí lo mataron al negro Pérez, que le llamaban “Chancha-Mora”!
Y me refirió la muerte de aquel cuyo recuerdo se perpetuaba con una cruz levantada en uno de los sitios más agrestes, por la piedad cristiana de sus compañeros de correrías.
Era Chancha-Mora uno de los matreros más famosos por su audacia y habilidad como cazador; nunca había errado un tiro ni desperdiciado un recortado de su rifle, y era tradición que a los carpinchos no les pegaba sino en la cabeza, a fin de recoger el plomo, y luego de fundido, utilizarlo nuevamente.
Un día que f’ue a Gualeguay a vender su cosecha de pieles y de pluma, un joven comerciante le propuso que robara cierta moza ribereña que habitaba en una ranchada lejana y ofrecióle una suma de dinero si la llevaba a un paraje que le indicó.
Chancha-Mora aceptó el trato y una noche llegó al rancho con cinco compañeros de aventuras y alzó en su canoa la prenda codiciada, no sin antes haber tenido que matar a los que quisieron impedirlo, que eran un hermano jovencito y un mocetón que la cortejaba. Chancha-Mora se internó con su presa en los bañados más desiertos, dejando al joven comerciante de Gualeguay que se cansara de esperarlo en el paraje convenido, y allí, al borde del arroyo, donde .hoy se alza la cruz solitaria, levantó su rancho y estos pajonales fueron testigos de sus delirios amorosos.
Un buen día, el joven comerciante, cansado de recurrir en vano a las policías para recuperar su amada y castigar a su pérfido raptor, armó dos isleños y con ellos salió en busca de ambos, hallándolos después de muchos días de peregrinación.
La niña fué rescatada, pero sólo cuando Chancha-Mora sucumbió a raíz de una lucha desesperada, en que cambió su vida por la de los dos isleños acompañantes.
-¡Pobre Chancha-Mora (dijo otro de los matreros); era buen amigo, y pa visitar un pueblo de garzas, no ha tenido compañero.
-¿Un pueblo de garzas?
Y entonces me explicaron y describieron la forma como se caza, con poco gasto y mejor resultado, el interesante animalito con cuya pluma se confeccionan los graciosos aigrettes que hacen la delicia de nuestras damas, que ignoran los sinsabores que cuesta al hombre conseguirles adorno semejante.
¡Cuántas de esas plumas tienen manchas de sangre humana y cuántas han costado la vida de quienes fueron a recogerlas allá en los anegadizos donde abundan las plantas que parecen víboras y las víboras que parecen plantas!
Las garzas que el comercio busca son tres: la mora(2) cuyo cuero se usa para hacer adornos comunes, la blanca grande(3) cuya pluma es de mediana calidad y la blanca chica(4), que es la apreciada.
La blanca, grande, es ave de gran vuelo como la mora; tiene las patas negras, el pico amarillo como de oro y los ojos verdes: la chica es igual a la grande, diferenciándose únicamente en el tamaño y en que sus patas son amarillas como el pico en su mitad inferior, siendo la superior negra.
En la época del celo echan sobre su lomo un manto de largas y finas plumas, que le dan un aspecto gracioso y elegante y se reúnen en grandes bandadas para hacer sus puestas, eligiendo para ello los esteros más inaccesibles.
La garza mora pocas veces se reúne en bandadas grandes y por lo general vaga por parejas en las orillas de los bañados, buscando las pequeñas víboras y sapos con que se alimenta.
Las blancas forman un nido pequeño, que luego más tarde adornan con el manto adventicio con que se engalanaron para sus amores, y, cuando los cazadores llegan a tiempo, recogen en estos nidos las plumas codiciadas, si no matan sin piedad las que las poseen y trabajan decididamente por la extinción de la raza, pues hacen la matanza precisamente en el momento menos oportuno.
Cuando un cazador descubre un estero que las garzas han elegido para su asamblea anual, busca sus compañeros, rodean el grupo de aves, ocultándose, y luego atropellan al montón armados de largas varas con las cuales aprovechando la dificultad que tienen los animales para emprender su vuelo hacen la presa que pueden, dejando a sus rifles y escopetas la tarea de concluir con la bandada, que ya en algunos días no se aleja de aquellos parajes.
La pluma de la garza grande vale de ochocientos a mil quinientos nacionales el kilo y la de la chica de dos a tres mil, según la clase.
Estos precios son tentadores, así, a primera vista, pero hay que tener en cuenta que cada pieza tiene apenas diez y ocho plumas de superior calidad como máximo, y otras tantas de segunda y tercera clase y que se necesitan algunos centenares de piezas para formar un kilogramo de pluma(*).
Esta caza requiere en el cazador una gran habilidad en el tiro, no sólo para aprovechar el tiempo, sino que el plomo y la pólvora quemada sin provecho son pérdidas muy de tenerse en cuenta, sobre todo en la región de que me ocupo, donde esos artículos pueden llamarse de primera necesidad.
Estas circunstancias hacen de los matreros unos eximios tiradores y son de ver las justas que se realizaban allá bajo los ceibos florecidos que retratan sus copas oscuras, manchadas de sangre, sobre el agua cristalina de las pequeñas lagunas, donde los patos y las garzas buscan con preferencia su alimento.
Cómo quien dice “a galope cantado” hacen sus tiros de bala y pocas veces el proyectil se desvía del punto que se ha señalado.
Con hombres de esta destreza, sobrios como camellos, hábiles como indios para manejar sus embarcaciones endebles, que corren como una flecha dondequiera que haya una cuarta de agua, y dotados una vista y de un oído incomparables, es con quienes tienen que habérselas las policías de las costas, cada vez que, deseando castigar un crimen o hacer sentir la acción de la autoridad, penetran a región a servir de pasto a los mosquitos y jejenes(5).
-¡De lástima no los matamos, señor (me decía ño Ciriaco), sabemos que son mandaos y los dejamos pasar! A veces los pobres andan días y días sin hallar un hombre y nosotros estamos ahicito no más, mirándolos y avisándonos los movimientos.
-¡Bah…! ¡Eso no puede ser!…
-¿Por qué?… Si uno se acuesta entre las pajas y se echa barro encima lo toman por un tronco; si se para al lao de un ceibo(6) lo toman por el árbol y si oyen el quejido del caráu(7), la risa de un sirirí o el aleteo del chajá se creen que es endeveras y no hacen caso.
Y entonces recién me expliqué muchas cosas que desde que andaba en compañía de ño Ciriaco y su banda habla observado, pero que no me explicaba tales como el canto de animales raros durante la noche, antes de llegar algún visitante a nuestro campamento; el aullido de perros invisibles cuando íbamos por algún pequeño canal de los que frecuenta las canoas comerciantes y nuestro rápido desvío par ir a ver entre el pajonal, ya un macá(8) que nada con sus pichones sobre el lomo o los larga de a uno e un pequeño remanso para enseñarles a zambullir, y para ir a observar una batalla entre gallaretas(9) y gallinetas(10) allá en la orilla de un carrizal(11) enmarañado ya para hacer volar los chajáes(12) con el objeto de oír sus aspiraciones ruidosas, destinadas a almacenar aire en previsión de tener que remontarse a la región de las nubes.
¡Qué cuadros y qué vida!

Datos biobráficos:

José Sixto Alvarez, Fray Mocho

José Sixto Alvarez, Fray Mocho

(1) José Sixto Álvarez, conocido como Fray Mocho, nació el 26 de agosto de 1858 en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos. El segundo nombre en realidad era Zeferino. Se radicó en Buenos Aires a partir de 1879 cuando tuvo su mayoría de edad 21 años. Escribió en periódicos como El Nacional, La Pampa, La Patria Argentina, La Razón. Además se publicaron artículos de su autoría en revistas Fray Gerundio (casi desconocida), El Ateneo, La Colmena Artística,
En 1899 funda y dirige Caras y Caretas. Sus escritos ocupan un lugar importante en la literatura costumbrista argentina de de fines del siglo XIX y principios del XX.
Es notable, aunque poco difundido su aporte naturalístico respecto a las costumbres, mitos y leyendas de nuestra fauna autóctona. Un viaje al país de los matreros, publicado en 1897 es un claro ejemplo de lo que decimos. En dicho libro, Alvarez en más de una veintena de cuentos describe una gran cantidad de animales como ciervos, tigres, ñandues, nutrias, carpinchos y tantos más.
El Mar Austral, (Croquis fueguinos) escrito en 1898, es otra obra que tiene abundante información referida a diversas especies autóctonas.
Falleció en Buenos Aires un 23 de agosto de 1903. Sus principales obras fueron:
Galería de ladrones de la capital 1880- 1887; Vida de los ladrones célebres y sus maneras de robar 1887; Memorias de un vigilante 1897; Viaje al país de los Matreros 1897; En el mar austral 1898. Sus cuentos han sido compilados en distintas oportunidades como “obras completas”.

(*) En otros capítulos del mismo libro pueden leerse otros cuentos que contienen informacion sobre estas actividades.

Especies mencionadas en el texto
(2) Garza Mora Ardea cocoi
(3) Garza Banca Grande Egretta alba
(4) Garcita Blanca Chica Egreta thula
(5) Mosquito. Díptero, especie de mosquito menor. Enjambres a poca altura del suelo.
(6) Seibo. Erythrina crista-galli
(7) Carau. Carao. Aramus guarauna.
(8) Macá.Gen. Podiceps ssp.
(9) Gallaretas. Fullicas ssp. Fam. Ralidae
(10) Gallinetas. Fam. Ralidae,
(11) Carrizal. Conjunto de cañas que crece en terreno anegadizo.
(12) Chajá Chauna torquata.

2 respuestas a Recolección de plumas de garzas: No fue cuento

  1. jaime dice:

    hola soy jaime el chico que le diste la tarjeta agregame a tu correo me gusto las platas todo es una marabilla

  2. MARTIN dice:

    ACA DEJO UNA REFERENCIA.TB.

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