Pedro Montenegro: Materia médica misionera

El Caso del seibo:
Seibo, dibujo del siglo XVIII
Seibo, dibujo del siglo XVIII

Datos biográficos: Pedro Montenegro (1663-1728). Fue un misionero Jesuita destinado a las misiones del Paraguay donde actuó como enfermero en distintas reducciones. Dejó una importante obra dedicada al tratamiento de las enfermedades. Varios de los misioneros que lo conocieron mencionan sus habilidades y ponderan su labor. Los originales manuscritos forman un volumen encuadernado, sin título de alrededor de 460 páginas, que hasta hace algunos años se conservaban dentro de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Manuel Ricardo Trelles lo dio a conocer como “Materia Médica Misionera” y así se lo conoce actualmente. Fue publicado por primera vez (aunque de manera incompleta) en los tomos I y II, año 1888, de la Revista Patriótica del Pasado Argentino. Más adelante en el tiempo la propia Biblioteca Nacional realizó una edición en 1945. La obra, contiene abundantes descripciones de vegetales autóctonos. En ella Montenegro explica el modo de utilizar las plantas y da una indicación de sus propiedades terapeuticas. Fue copiosamente ilustrado con 136 dibujos de plantas tomados de las obras de Pisón.
Seibo: El Hermano Pedro Montenegro, denominó al seibo “Zuinandí” en lengua guaraní, considerándolo una especie de chopo (posiblemente palo borracho), agregando datos sobre el momento de florecimiento del árbol, ya que éstas se usaban para teñir paños y lienzos de un bello rojo morado.
Respecto a las virtudes medicinales explica que la corteza debe quedar limpia de lo áspero y leñoso. Machacada, cruda o hervida se aplicaba a la heridas provocadas por los yaguaretés como, “único remedio para que no se inflamen ni envenenen, porque además de quitar el dolor, ardor, e inflamación las cura, siendo así que se muestra tan húmeda y viscosa en su sustancia: lo mismo hace su cocimiento así de la corteza como de sus cogollos, y si se quiere tener mas a mano para caminos se hace bálsamo, ó extracto del mismo modo que el del Aguaraíbaí”. Aparentemente este tipo de medicina la llevaban los misioneros en los viajes largos o peligrosos donde sabían podían tener encuentros con los yaguaretés. “Dudo haya remedio mejor, que cure las heridas y mordeduras, según lo tengo experimentado” comenta el misionero y agrega que “también las llagas de las piernas por destemplanza caliente y colérica y aplicada su corteza machacada, o su zumo mixto con clara de huevo bien batida, las inflamaciones de los testes las reprime y mitiga con admiración y así mismo a cualquier inflación violenta de cólera y sangre, como es el flemón. etc.
De su flor molida con sus cortezas será mejor el bálsamo hecho y si fuere bien limpia, en tiempo sereno cogida será mejor es todas sus partes expuestas a corrupción. Puede de su palo hacerse rodelas de defensas muy buenas”.

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