Luis L. Dominguez: 1819-1898- su poesía “el ombú”

EL OMBÚ

Cada comarca en la Tierra

tiene un rasgo prominente

el Brasil, su sol ardiente;

minas de plata, el Perú;

Montevideo, su cerro;

Buenos Aires –patria hermosa-,

tiene su pampa grandiosa;

la pampa tiene el ombú.

Esa llanura extendida,

inmenso piélago verde,

donde la vista se pierde,

sin tener donde posar;

es la pampa misteriosa

todavía para el hombre,

que a una raza da su nombre,

que nadie pudo domar.

No tiene grandes raudales

que fecunden sus entrañas

pero lagos y espadañas

inundan toda su faz,

que dan paja para el rancho,

para el vestido dan pieles,

agua dan a los corceles,

y guarida a la torcaz.

Su gran manto de esmeralda

esmalta modestas flores

de aromáticos olores

y de risueño matiz.

El bibí, los macachines,

el trébol, la margarita,

mezclan su aroma exquisita

sobre el lucido tapiz.

No tiene bosques frondosos

ni hermosas aves en ellos;

pero sí pájaros bellos

hijos de la soledad,

que siendo únicos testigos

del que habita esas regiones,

adivinan sus pasiones

y acompañan su orfandad.

Así, nuncio de la muerte

es el cuervo o el carancho-

si la peste amaga el rancho

sobre el techo el buho está-,

y meciéndose en las nubes

y el desierto dominando,

las horas está cantando

el vigilante chajá.

No hay allí bosques frondosos

pero alguna vez asoma

en la cumbre de una loma

que se alcanza a divisar,

el ombú, solemne, aislado,

de gallarda, airosa planta,

que a las nubes se levanta

como faro de aquel mar.

¡El ombú!Ninguno sabe

en qué tiempo ni qué mano

en el centro de aquel llano

su semilla derramó.

Mas su tronco tan ñudoso,

su corteza tan roída

bien indican que su vida

cien inviernos resistió.

Al mirar cómo derrama

su raíz sobre la tierra,

y sus dientes allí entierra

y se afirma con afán.

parece que alguien le dijo

cuando se alzaba altanero:

ten cuidado del pampero

que es tremendo su huracán.

Puesto en medio del desierto,

el ombú, como un amigo,

presta a todos el abrigo

de sus ramas con amor;

hace techo de sus hojas

que no filtra el aguacero

y a su sombra el sol de enero

templa el rayo abrasador.

Cual museo de la pampa

muchas razas él cobija:

la rastrera lagartija

hace cuevas a su pie.

Todo pájaro hace nido

del gigante en la cabeza

y un enjambre en su corteza

de insectos varios se ve.

Y al teñir la aurora el cielo

de rubí, topacio y oro,

de allí sube a Dios el coro,

que le entona al despertar

esa pampa, misteriosa

todavía para el hombre,

que a una raza da su nombre

que nadie pudo domar.

Desde esa turba salvaje

que en las llanuras se oculta

hasta la porción más culta

de la humana sociedad,

como un linde está la pampa

sus dominios dividiendo

que va el bárbaro cediendo

palmo a palmo la ciudad.

Y el rasgo más prominente

de esa tierra donde mora

el salvaje que no adora

otro dios que el Valichú,

que en chamal y poncho envuelto

con los laques en la mano

va sembrando por el llano

mudo horror, es el ombú

¡Cuánta escena vio en silencio!

¡Cuántas voces ha escuchado

que en sus hojas ha guardado

con eterna lealtad!

El estrépito de guerra

a su pie se ha combatido

su quietud ha interrumpido

por amor y libertad.

¡En su tronco se leen cifras

grabadas con el cuchillo

quizá por algún caudillo

que a los indios venció allí:

por uno de esos valientes

dignos de fama y de gloria,

y que no dejan memoria

porque nacieron aquí!…

A su sombra melancólica

en una noche serena,

amorosa cantinela

tal vez un gaucho cantó;

y tan tierna su guitarra

acompañó sus congojas

que el ombú de entre sus hojas

tomó rocío y lloró.

Sobre su tronco sentado

el señor de aquella tierra

de su ganado la yerra

presencia alegre tal vez;

o tomando el matecito

bajo sus ramos frondosos

pone paz a dos esposos,

o en las carreras es juez.

A su pie trazan sus planes

haciendo círculo al fuego

los que van a salir luego

a correr el avestruz…

Y quizá para recuerdo

de que allí murió un cristiano,

levantó piadosa mano

bajo su copa una cruz.

Y si en pos de amarga ausencia

vuelve el gaucho a su partido,

echa penas al olvido

cuando alcanza a divisar

el ombú, solemne, aislado,

de gallarda, hermosa planta,

que a las nubes se levanta

como faro de aquel mar.

Luis L. Domínguez: Poeta y prosista argentino. Nació en Buenos Aires el 15 de marzo de 1819 y murió en Londres el 20 de julio de 1839.

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América Poética

2 respuestas a Luis L. Dominguez: 1819-1898- su poesía “el ombú”

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    Luis L. Dominguez: 1819-1898- su poesía “el ombú” | Apuntes de Historia Natural

  2. […]  Pliegue concreto de elementos gráficos que se versionan en una dobladura motivada por conocido poema naturalista, aquí un fragmento del mencionado texto histórico: “..el ombú, como un amigo, presta a todos el abrigo de sus ramas con amor; hace techo de sus hojas que no filtra el aguacero y a su sombra el sol de enero templa el rayo abrasador.” Luis L. Domínguez. (Escritor porteño, “liberal” y unitario, de esos metropolitanos que guerrean a la tierra y sus “salvajes”; puede leerse el poema completo en éste enlace.) […]

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