Eduardo Ladislao Holmberg además de haber sido un médico y gran naturalista escribió varios cuentos y ensayos. Entre su producción literaria se destaca un único y largo poema, Lin-Calél, que consta de más de 7.000 versos. que fue ilustrado por su hijo Eduardo Alejandro. El texto muestra la gran sabiduría y apego a su tierra que tuvo su autor. Se publicó originalmente en 1910, editado por la Masonería Argentina, de la que Holmberg fue activo participante.
El fragmento elegido describe un paisaje típoco del sur de Buenos Aires, que Holmberg recorriera en 1881.
Yamoidá*
En los senderos que los prados cruzan,
y entre las matas de ondulantes cintas,
como un anuncio de la trista noche
lentas las sombras al caer se estiran,
en tanto se hunde el luminar de fuetgo
y al fondo baja de su tumba efímera.
Al pasar por los densos pajoneles
su endecha vesperal canta la brisa,
no sin llevar en su invisible vuelo
un sonido fugaz de las arista,
y así prelúdia el campo sus rumores.
De los Patos silvestres las colonias,
al mudar de laguna, se retiran,
eligiendo en los Juncos y Espadañas
que adornan contorneando las orillas,
el debido reposo de costumbre,
contre el viento reparo, y la guarida
en que se esconden a esquivar prudentes
de alimañas nocturnas la rapiña.
Los Benteveos de azufrado pecho
alertas como siempre en las Brusquilllas,
al llamarse entre sí, lanzan airosos,
al caer de la tarde, su atrevida
canción de guerra, y la mirada en tanto
de inperceptible oscilación, atisba
los tábanos que pasan zumbadores,
las grises mariposas vespertinas,
el verde escarabajo que sus alas
sólo á esa hora en su inquietud confía,
y el Alguacil azul que cierne el vuelo
en las flores que surjen por la orilla.
Con presteza, por todas direcciones,
los Chorlos y Chorlitos se retiran,
agrupándose en ágiles bandadas
que en la tierra se posan repentinas,
poblando el aire con millar de voces
que alegres ruidos de cristan imitan.
Persíguense los Teros con las alas
abiertas y elevadas, ó tendidas,
y el Chajá, remador de las alturas,
pasea, derramando en las campiñas,
las notas resonanntes de su pecho,
y así de extraños la resencia avisa.
Los avestruces que en el césped vagan,
destacando su forma en las gramillas,
el cuello arquean, y al mirar curiosos
desde el pico á los dedos, todo estiran.
Numerosas parejas de Venados
que pasan distantes y tranquilos,
al erguir el tostuz los vivos ojos
un grupo móvia á lo lejos fijan.
Observan agestes moradores
de la Pampa un rumor que los aguita,
y una gran polvareda que endulante
el contorno alza y corre y se aproxima
………………………………….
*Yamoidá: “Se vé la sierra” según anotación del propio Holmberg.
Nuestro agradecimiento a Horacio Reggini por el préstamo bibliográfico.





















