Había una vez…un valle encantado

23 febrero 2012

Dora Ochoa de Masrramón: Había una vez…un valle encantado

 El valle de Conlara* o Concarán, se encuentra dentro de la provincia de San Luis entre las sierras de Comechingones al este, y las de San Luis, al centro-oeste. Lo surca el río homónimo con infinidad de arroyos y vertientes que le confiere un microclima especial. Los primitivos pueblos asentados en territorios comechingones entre mediados de siglo XVI y fines de siglo XVIII,  marcaban el límite de las jurisdicciones del “Cuyo” y de “Córdoba del Tucumán” en nuestro país, dando nacimiento a pueblos como Santa Rosa de Conlara, Merlo y Tilisarao. Leer el resto de esta entrada »


Las ciencias naturales en América

2 febrero 2012

Columnista de febrero

Las descripciones de ciencias naturales en América hasta el siglo XIX

Un resumen de los aspectos más interesantes sobre las descripciones

hechas a partir de la conquista de América hasta el siblo XIX ... más


Angel Gallardo (1867 – 1934)

16 noviembre 2011

La educación y las ciencias naturales: “El museo moderno de historia natural es una institución de exploración, de recolección de materiales, de estudio y de clasificación del mismo para conservarlo como documento de consulta e investigación. Contribuye a la cultura e ilustración general por la exhibición de los objetos provistos de rótulos explicativos, por la difusión de los resultados de los estudios en sus publicaciones, pero no se le puede exigir la enseñanza completa de la ciencia a partir de las nociones elementales.” Ángel Gallardo

 Àngel León Gallardo nació en Buenos Aires un 19 de noviembre de 1867. Inició sus estudios primarios en un instituto de enseñanza privada. De joven aprendió varios idiomas extranjeros que le fueron muy útiles para su futura carrera científica. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, teniendo entre los profesores al gran naturalista Carlos Berg, quién seguramente le transmitió el amor y la vocación por las ciencias naturales. No obstante Gallardo cursó Ingeniería Civil en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, recibiéndose en 1894 con diploma de honor en 1894, presentando un proyecto que sobre la instalación de una fábrica de cal. Leer el resto de esta entrada »


Buenaventura Suáres, misionero y primer astrónomo argentino

3 noviembre 2011

Juan María Gutierrez, nuestro gran hombre de letras, adelantó en su tiempo las virtudes científicas de Buenaventura Suares, anotando que “… se lo colocará [a Suarez] al lado de Francklin, entre aquellos que por un amor innato a la naturaleza y una propensión imperiosa del espítitu hacia la investigación de sus leyes, cultivaron las ciencias exactas sin maestros y sin más auxilio que la inspiración propia”

Buenaventura Suarez, fue misionero jesuita argentino. Nació en la provincia de Santa Fe un 14 de julio de 1679. Por parte de la madre estaba relacionado Juan de Garay, fundador de Buenos Aires y Santa Fe.

Desde joven se educó dentro de los establecimientos jesuíticos incorporándose a la Campañía de Jesús en 1691. Con el tiempo misionó en reducciones tales como San Ignacio Guazú, Itapuá, Santa María la Mayor, Apóstoles, San Cosme, San Damián, Candelaria etc., además de participar dentro de los Colegios de Asunción y Corrientes.

Su fama de astrónomo trascendió las fronteras americanas. Sus trabajos tuvieron reconocimiento mundial, no sólo de sus compatriotas de religión sinó también de grandes científicos. Entre los primeros figuran José Jolís, José Quiroga,  Domingo Muriel, Pedro Lozano etc. Además los más importantes científicos de su especialidad elogiaron sus trabajos, entre ellos Vargentin, Clairaut, Maupertuis y Celsio, fundador del obserbvatorio de Upsala.

En las lejanas reducciones de San Cosme y San Damán, Buenaventura Suárez levantó un observatorio astronómico, el primero en América, construyendo además sus propios aparatos. El padre jesuita Sanchez Labrador pondera su labor “…el Padre Buenaventura Suárez, misionero de los indios guaraníes, y célebre matemático, [labró cristales] muy buenos [e] hizo algunos anteojos muy claros…”. El gran naturalista Félix de Azara de paso por aquellas reducciones en 1797 se refirió a su él “…además de la pequeña librería que cada cura tenía en su pueblo, había aquí una mayor que poco ha pasó a Buenos Aires … vi un juego de globos podridos con varios tubos de anteojos comunes y astronómicos, todos con vidrios, igualmente hallé un cuarto de un círculo astronómico de catorce pulgadas de radio de madera y fabricado por el Padre [Buenaventura] Suáres tan groseramente que no es posible hacer medianas observaciones de latitud con él…” y también el destacado historiador de la ciencia José Babini ponderó los aportes del jesuita comentando que sus notas tienen gran interés para las ciencias naturales, la etnografía y las matemáticas de la región misionera y chaqueña.

Hacia 1720 Suárez comenzó a escribir una obra que compendiaba las observaciones de eclipses que durante 13 años realizó en la región donde vivió y misionó durante 30 años, la obra se materializó con el título de “Lunario de un siglo que comienza en enero del año 1740 y acaba en diciembre del año 1841, en que se comprenden ciento un años cumplidos. Contiene los aspectos principales del Sol, y Luna, esto es las Conjunciones, Oposiciones, y Cuartos de la Luna con el Sol según sus movimientos verdaderos; y la noticia de los Eclipses de ambos Luminares, que serán visibles por todo el Siglo en estas Misiones de la Compañía de Jesús en la Provincia de Paraguay…”.

Cabe destacar que fue recién a partir de 1745, es decir, recién a los 66 años pudo realizar observaciones con instrumentos comprados en Europa, cuya calidad logicamente era superior a los instrumentos elaborados artesanalmente.

Falleció un 24 de agosto de 1750 mientras tenía su residencia en la reducción de Santa Maria la Mayor.

Citar: Aguilar, H. 2011. Buenaventura Suáres, misionero y primer astrónomo argentino. El Carnotaurus. Boletín del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (Año XII, núm. 120 /agosto-septiembre 2011) p:6.-


Adolfo Methfessel: un ilustrador de la Argentina

15 julio 2011

Methfessel no sólo es artista, sino también naturalista arqueólogo e infatigable coleccionista; pero la cualidad que posee es ser de una modestia excesiva…” de esta manera se refirió Juan Bautista Ambrosetti a su amigo y compañero de viaje al escribir la crónica sobre la segunda expedición a la aprovincia de Misiones efectuada entre julio y diciembre de 1892.

 Félix Ernest Adolfo Methfessel nació en Berna Suiza un 12 de mayo de 1836. Desde temprana edad estudió jardinería artística en Bruselas y tomó un curso de pintura que le despertó su pasión por la naturaleza y la plástica, aunque sus padres insistieron en que terminara la carrera de arquitecto de jardines. Pese a todo en su país dirigió un vivero de árboles y ganó un premio por la presentación de un plano para la construcción de un Jardín Botánico en Berna. Leer el resto de esta entrada »


Pedro N. Arata y la Facultad de Agronomía y Veterinaria

2 julio 2011

 “Sentado frente a su escritorio vi un hombre alto, con aspecto de gigante, cuya cabeza hermosa estaba adornada como complemento por una barba entrecana; era un señor que aparentaba tener alrededor de setenta años. De haber aparecido vistiendo uniforme, se lo habría tomado por un general ruso, y cuando lo vi no pude dejar de recordar al príncipe Dadischkiliani. Con suma cortesía me invitó a sentarme, e inmediatamente me dijo que ya el ministro le había hablado de mi llegada por teléfono…” Asi describió Federico Reichert, docente llegado al país en 1904, al doctor Pedro N. Arata en su libro “En la cima de las montañas y de la vida”

Pedro Narciso Arata formó parte importante de los primeros pasos que dio nuestro país en materia de ciencia y educación conjuntamente con otros grandes hombres destacados como Ameghino, Holmberg, Gallardo, el Perito Francisco Moreno, Zeballos y tantos más. Leer el resto de esta entrada »


Lin – Calel, poema de Eduardo Holmberg (fragmento)

17 junio 2011

Libro de poema Lin-Calel de E. L. Holmberg

Eduardo Ladislao Holmberg además de haber sido un médico y gran naturalista escribió varios cuentos y ensayos. Entre su producción literaria se destaca un único y largo poema,  Lin-Calél, que consta de más de 7.000 versos. que fue ilustrado por su hijo Eduardo Alejandro. El texto muestra la gran sabiduría y apego a su tierra que tuvo su autor. Se publicó originalmente en 1910, editado por la Masonería Argentina, de la que Holmberg fue activo participante.

El fragmento elegido describe un paisaje típoco del sur de Buenos Aires, que Holmberg recorriera en 1881.

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Una planta llamada tasi

25 mayo 2011
Planta de tasi

Flor y fruto de la planta tasi

Tasi: [Morrenia brachystephana]* Enredadera de los motnes, de fruto comestible y tallo lechoso; el cocimiento de la raiz y el fruto es recomendado de antiguo para aumentar la secreción láctea a las madres. Alcalde Espejo en su Excursión por la sierra de Córdoba, 1871, menciona varias veces las maravillas que ha oido referir sobre las propiedades del tasi o tase. El doctor Arata ha estudiado sus propiedades galactógagas en sus Anales del Consejo de Higiene, 1891. “El tasi o lorai de los tobas. Los indios, como la gente desheredada del Paraguay, Corrientes y otras provincias argentinas, se alimentan del folículo, que no es desagradable, asado o hervido -hasta crudo siendo tierno- y cuyo mesocarpo carnoso, es también coriáceo. También hacen yesca del folículo, y en Santiago se prepara un dulce exquisito semejante al del tomate. Finalmente, está probado que el agua del tasi hervido, desempeña un rol muy especial en la lactancia materna” ( A. J. Carranza, Expedición al Chaco Austral.)

* Voces indígenas y modismos locales  Martiniano Leguizamón, de su  libro Recuerdos de la tierra.


Para conservar talas (Celtis sp.) y talares

15 mayo 2011

Del libro: “Talares bonaerenses y su conservación”

En homenaje a Juan Carlos Chebez [...] Pero para entender mejor por qué los talas nos piden una oportunidad y qué cosas nos dicen, qué mejor que convertirse en uno de ellos y recitar:

Porque crecí retorcido

y espinoso como el tala,

se me ha antojado que el árbol

me representa en sus ramas.

Algunos dirán seguro

que estorbamos en las pampas,

que la leña que brindamos,

no forma una buena brasa. Leer el resto de esta entrada »


Cristóbal María Hicken: educador y botáanico

10 mayo 2011

Retrato de Cristóbal M. Hicken

“Mi escuela, para las investigaciones científicas, es la de la libertad absoluta, sin reatos ni límites, ni concibo prohibiciónes,  ni sometimientos,  ni censuras de ninguna especie. Busco la interpretación de la naturaleza dentro de ella misma y me son ajenos los factores sentimentales ollamados de conciencia. Y como quiera que no puede existir un culto sin un altar, adoro a la naturaleza ofrendando en el santuario de la patria.”. Cristóbal M. Hichen.

Cristóbal María Hicken, fue uno de los más sobresalientes botánicos de principios del siglo XX. Nació un 1 de enero de 1875 en Buenos Aires. Estudió en el Colegio del Salvador, luego continuó sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

En 1898 obtuvo el título de agrimensor y dos años más tarde recibió el diploma de doctor en Ciencias Naturales, basando su tesis en los helechos de la República Argentina.

La pasión por la enseñanza y la difusión de la botánica lo acompañaron toda su vida. Fue nombrado Inspector de Enseñanza Secundaria Normal y Especial en el Secretaría de Instrucción Pública, dictó clases en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, fue profesor de Física en el Colegio Militar de la Nación y desempeñó funciones dentro del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria. Ejerció la docencia en varios establecimientos educativos como la Escuela Industrial de la Nación, la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, el Colegio Nacional de Buenos Aires, el Colegio Normal Superior, la Facultad de Ciencias Exactas etc., siendo Director de Estudios Geográficos en el Estado Mayor del Ejército Argentino hasta 1931.

Fue miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. La Escuela de Jardinería, ubicada dentro del predio del Jardín Botánico de Buenos Aires “Carlos Thays”, lleva su nombre en recuerdo a la influencia y el desarrollo de la botánica en la Argentina.

En el año 1910 junto a renombrados naturalistas como Miguel Lillo, Ángel Gallardo, Juan A. Domínguez y Eduardo L. Holmberg y otros, participó de una comisión expresamente formada para elegir a una flor que nos representara y fuera nuestra flor nacional. Aunque aquél primer proyecto no tuvo un dictamen oficial en él se había elegido ya al ceibo y a la pasionaria o mburucuyá como flores representativas de nuestra vegetación autóctona. Recién en el año 1942 se retomó el tema y se designó flor nacional a la flor del ceibo.

Cristóbal M. Hicken, recorrió gran parte de la Argentina participando en diferentes expediciones como botánico recolector. Recordemos al pasar que participó de la expedición de exploración geográfica al Hielo Continental Patagónico junto a Federico Reichert y Lucien Hauman, y que uno de los glaciares de la zona fue bautizado con su nombre.

En su vida elaboró una colección de 150.000 ejemplares vegetales pertenecientes a unas 50.000 especies botánicas diferentes, complementada con una valiosa bibliografía especializada constituida por unos 15.000 títulos.

Los herbarios y los libros propiedad de Hicken constituyeron la base del Instituto de Botánica Darwinion. En 1922 se inició la publicación de la revista “Darwiniana”, que consolidó la difusión de la botánica en todos sus aspectos, inaugurando un provechoso intercambio científico con los más excelsos centros de investigación del país y del extranjero, intercambio que orgullosamente se sigue manteniendo. Años más tarde en 1924, Hicken expresó el deseo de donar al Estado su “Darwinion”, donación que se concretó posteriormente.

A comienzos de la década del `30, Hicken materializó su idea de contruir un edificio en el Barrio Parque Aguirre en San Isidro, pero faltando poco para su terminación falleció un 11 de marzo de 1933.

Concretamente, por decreto 40.581 del 19 de abril de 1934 el gobierno de la Nación aceptó la donación estableciendo además la petición expresa de Hicken en cuanto a que “El Darwinion se destinará exclusivamente a investigaciones científicas relativas a la botánica bajo la dirección y administración de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales”

Bibliografía

Hicken, C. M. 1923. Evolución de las ciencias en la República Argentina. VII:Los estudios botánicos. Cincuentenario de la Sociedad Científica Argentina. Imprenta y Casa Editora Coni. Buenos Aires.176p.

Reichert, F. 1967. En la cima de las montañas y de la vida. Ac. Nac. de Agronomía y Veterinaria. Buenos Aires. 484pp.


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